Al despertar, Señor, nos saciamos de tu presencia y te damos gracias, porque Tú eres el Señor de la esperanza y del futuro. Hoy nos inspiras por medio de los santos y renuevas nuestras esperanzas en un futuro mejor para todos. Permítenos, Señor, que, con tu fuerza, hasta nuestros sueños más atrevidos puedan hacerse realidad e incluso puedan ser superados. Que la bondad, la paz y el amor sean valores por los que valga la pena vivir y morir, y que, un día, tú corones tu propia obra en nosotros.
Tú nos propones la pobreza que libera el corazón de muchas ataduras y nos permite amar, la misericordia que nos lleva a la benevolencia y el perdón, la limpieza de corazón para saber juzgar y ser juzgados, la lucha por la justicia, porque Dios es justo. Nos llamas bienaventurados por haber elegido lo que el mundo no elige, simplemente porque odia; por habernos decidido por el sentido mejor de la vida. Danos la posibilidad de buscar la santidad que se debe vivir ya desde ahora en el hoy de nuestras vidas y el testimonio de tantos santos que vivieron como nosotros, que ellos nos ayuden a seguir buscando la santidad aun con nuestros defectos, pero ante todo con nuestras cualidades de humildad servicio y obediencia a la voluntad del Padre celestial. Ayúdanos a acercarnos a ser perfectos, sirviendo, amando y perdonando. Que nos ayude nuestro esfuerzo de cada día para lograr la perfección en las obras que realicemos. Al inicio de este mes, te pedimos que llenes nuestros corazones con la fuerza de tu Espíritu para que colocando en tus manos todas las obras que vamos a comenzar, en ti se inicien y en ti terminen, siempre con tu bendición. Amén.
Seamos alegres y santos y contagiemos de alegría a nuestros hermanos. Bendecido y santificado miércoles.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Los santos están cerca de nosotros, de hecho, son nuestros verdaderos hermanos y hermanas. Nos entienden, nos aman, saben lo que es nuestro verdadero bien, nos ayudan y nos esperan. Son felices y nos quieren felices con ellos en el paraíso. Por este motivo, nos invitan al camino de la felicidad, indicado en el Evangelio de hoy, tan hermoso y conocido: «Bienaventurados los pobres de espíritu [...] Bienaventurados los mansos, Bienaventurados los limpios de corazón...» (cf. Mateo 5, 3-8). El Evangelio dice bienaventurados los pobres, mientras que el mundo dice bienaventurados los ricos. El Evangelio dice bienaventurados los mansos, mientras que el mundo dice bienaventurados los prepotentes. El Evangelio dice bienaventurados los puros, mientras que el mundo dice bienaventurados los astutos y los vividores. Este camino de la bienaventuranza, de la santidad, parece conducir al fracaso. Y, sin embargo, —la primera lectura nos lo recuerda de nuevo— los santos tienen «palmas en sus manos» (v. 9), es decir, los símbolos de la victoria. Han ganado ellos, no el mundo. Y nos exhortan a elegir su parte, la de Dios que es santo. (Ángelus, 1 de noviembre de 2018)
