Que linda mañana la que nos regalas, Señor, para iniciar nuestras labores, nuestras ilusiones y nuestras esperanzas en la barca que navega en el inmenso mar de nuestras vidas. Señor, fuente de nuestra felicidad. Tú nos confías tu Buena Nueva de vida. Cólmanos con la fuerza de tu Santo Espíritu para que estemos dispuestos a proclamar tu mensaje de salvación en el lenguaje vivo de nuestro tiempo. Actúa y obra en nosotros para que cada uno tengamos el valor de decir: Aquí me tienes, Señor, envíame como tu mensajero.
En tu amor nos has convocado a cada uno de nosotros para una misión en la vida y para un puesto en tu Plan de Salvación que nadie puede cumplir en vez de nosotros; tú nos has escogido para ser signos irremplazables y testigos capaces de llevar fielmente a cabo nuestra misión. Envíanos “mar adentro” a pescar esperanzas y nuevos amaneceres. Que nuestra pesca sea abundante en ilusiones, generosa en disponibilidad y servicio y rica en humildad y sencillez.
Madre del amor guíanos y protégenos ahora y siempre. Felicidades al iniciar un nuevo mes. Que sea próspero y productivo lleno de felicidad y esperanza. No olvidemos: sembramos ilusiones para cosechar esperanzas.
Reflexión del papa Francisco
Esto es lo que le gusta hacer al Señor, el Señor es el Señor de las sorpresas, de los milagros en las sorpresas: subir a la barca de nuestra vida cuando no tenemos nada que ofrecerle; entrar en nuestros vacíos y llenarlos con su presencia; aprovechar nuestra pobreza para anunciar su riqueza, nuestras miserias para proclamar su misericordia. Recordemos esto: Dios no quiere un crucero: le basta una pobre barca "destartalada", con tal de que le acojamos. Esto sí, para acogerlo; no importa el barco, sino que lo acojamos. Pero, me pregunto, ¿le dejamos entrar en la barca de nuestra vida? ¿Ponemos a su disposición lo poco que tenemos?
