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10-jun.-2023, sábado de la 9.ª semana del Tiempo Ordinario

"Corazón generoso es corazón agradecido y feliz”

Al terminar esta semana, los sentimientos nos llevan a agradecerte lo que de ti hemos recibido y lo que hemos podido compartir. Hoy tú nos sigues enseñando a tener actitudes de generosidad en nuestras actividades cotidianas. Permítenos y danos la alegría que puede sentir nuestro corazón al ver la sonrisa de los que puedan recibir lo que de tu corazón hemos recibido. Tú nos has enseñado a dar no solamente de lo que nos sobra, sino a darnos a nosotros mismos. Desbarata nuestros cálculos egoístas, cambia nuestros intereses personales, muévenos a compartir generosamente con los hermanos, de tal forma que nuestro modo de dar sea como el tuyo. 

Danos la gracia de ser como la viuda, que echa de lo que necesita para vivir sin esperar nada a cambio. Y no seamos como los escribas y fariseos que echan de lo que les sobra, probablemente esperando el aplauso y la consideración de los demás. “Haz el bien, y no mires a quién”, dice el refrán popular. Es mejor dar limosna que atesorar, y lo importante es “atesorar tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni nada puede echarlos a perder…”.

Concédenos hoy la gracia de descubrirnos honestos y transparentes al preguntarnos cuánto de nosotros estamos poniendo en el altar de la vida. Como nos dice hoy el libro de Tobías, la mejor recompensa, sin duda, es saber que “dando es como nos saciaremos de vida”. Solo se encuentra la alegría cuando salimos, cuando nos damos y rompemos nuestra vida aislada. Lo contrario nos lleva a vivir con un corazón en soledad, es decir, en la tristeza, y en el vacío. Permite que lo que experimentemos y hagamos no sea buscando el aplauso olvidándonos de los demás, sino la satisfacción de haber hecho lo que hizo aquella viuda del evangelio. En este día permítenos, Señor, saber que todo lo hemos recibido de ti, que tú bendices y multiplicas lo que damos de corazón. "Corazón generoso es corazón agradecido y feliz”.

Un generoso y feliz fin de semana en compañía de Nuestra Madre celestial.

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Así dice el Evangelio, echa en el tesoro todo lo que tenía para vivir. El Evangelio nos pone delante de este sorprendente contraste: los ricos, que dan lo superfluo para hacerse ver, y una pobre mujer que, sin aparentar, ofrece todo lo poco que tiene. Dos símbolos de actitudes humanas. Jesús mira las dos escenas. Y es precisamente este verbo —“mirar”— que resume su enseñanza: a quien vive la fe con duplicidad, como esos escribas, “debemos mirar” para no ser como ellos; mientras que a la viuda debemos “mirarla” para tomarla como modelo. (…) Jesús nos invita a mirar a la pobre viuda. El Señor denuncia la explotación hacia esta mujer que, para dar la ofrenda, debe volver a casa sin siquiera lo poco que tiene para vivir. ¡Qué importante es liberar lo sagrado de las ataduras del dinero! (…) Pero, al mismo tiempo, Jesús alaba el hecho de que esta viuda da al Tesoro todo lo que tiene. No le queda nada, pero encuentra en Dios su todo. No teme perder lo poco que tiene, porque confía en el tanto de Dios, y ese tanto de Dios multiplica la alegría de quien dona. (…) De esta manera Jesús la propone como maestra de fe, esta señora: ella no frecuenta el Templo para tener la conciencia tranquila, no reza para hacerse ver, no hace alarde de su fe, sino que dona con el corazón, con generosidad y gratuidad. Sus monedas tienen un sonido más bonito que las grandes ofrendas de los ricos, porque expresan una vida dedicada a Dios con sinceridad, una fe que no vive de apariencias sino de confianza incondicional. Aprendamos de ella: una fe sin adornos externos, sino sincera interiormente; una fe hecha de humilde amor a Dios y a los hermanos. (Ángelus 7 de noviembre de 2021)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.