
11-mar.-2023, sábado de la 2.ª semana Cuaresma
“Este hijo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”

Van pasando los días, nuevos amaneceres, otra semana más que pasará para cada uno de nosotros, que son motivo para darle gracias al Padre celestial por todo lo que vamos recibiendo en nuestro diario vivir.
Gracias, Señor, por este nuevo día que comienza a nacer para nosotros y que esperamos compartirlo con nuestros hermanos, amando y sirviendo de corazón. En este día tu palabra nos da la ocasión de poder meditar nuestra reconciliación y el perdón del Padre misericordioso. En muchísimas ocasiones hemos recibido su perdón, pero vamos olvidando y volvemos a caer en el camino de la incomprensión, la mentira, el egoísmo y la desesperanza; sin embargo, el Padre celestial sigue mostrando ese amor bondadoso, lleno de ternura y de sentimientos de reconciliación.
En el abrazo del hijo pródigo con el Padre de la misericordia encontramos un verdadero motivo para reflexionar y pensar todo lo que tenemos y lo que somos porque muchas veces no hemos valorado el amor de hijos que tienes con cada uno de nosotros. Que hoy podamos encontrar los verdaderos frutos que tú esperas en nosotros, no para que nos repartas la herencia, sino al contrario sentir que seamos generosos con nuestros hermanos y no sentir el egoísmo ni el juzgamiento del hermano mayor; que todos nos sintamos como verdadera familia en la que compartimos el amor, la generosidad, la comprensión y la armonía.
Tengamos en cuenta las palabras del padre celestial: “Este hijo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.
Vayamos al encuentro de Nuestro Padre Misericordioso.
Nuestra Madre de la Ternura y de la Gracia, nos proteja e interceda por nosotros. Feliz y misericordioso fin de semana. Recordemos algo hermoso: DIOS NO SE CANSA DE PERDONAR.
El Evangelio narra la llamada Parábola del hijo pródigo (cf. Lc 15,11-32). Nos conduce al corazón de Dios, que perdona siempre con compasión y ternura. Siempre, Dios siempre perdona. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, pero Él siempre perdona. Nos dice que Dios es un Padre que no solo nos acoge de nuevo, sino que se alegra y hace una fiesta a su hijo que ha vuelto a casa después de haber malgastado todos sus bienes. Nosotros somos ese hijo, y es conmovedor pensar en lo mucho que el Padre siempre nos ama y nos espera.
Cuando alguien cuyo corazón está sincronizado con el de Dios ve el arrepentimiento de una persona, se alegra, por graves que hayan sido sus errores. No te quedes centrado en los errores, no señales con el dedo lo que han hecho mal, si no alégrate por lo bueno, ¡porque el bien de otra persona es también el mío! Y nosotros, ¿sabemos alegrarnos por los demás? (Homilía del Papa Francisco)