Te alabamos, Señor, por las grandezas de tu amor y ante todo porque en este día nos bendices para que nuestras obras y acciones sean en tu nombre y con la generosidad que nos debe caracterizar. Queremos emprender nuestras actividades en alegría y optimismo, con la seguridad de que al caer de la tarde tengamos satisfacciones porque has multiplicado y bendecido nuestros trabajos.
Qué hermosas son tus palabras, Señor, cuando nos invitas a que, venciendo nuestro egoísmo, entreguemos nuestras vidas sin esperar nada a cambio; aquí yace el secreto de una vida plenamente feliz, que no vive de alegrías superfluas o individuales sino de aquellas que surgen en el amor compartido.
Ojalá en este día podamos tener sentimientos para decir: “estamos alegres y vivimos plenamente felices”. Permanecemos en tu amor si guardamos tus mandamientos. Danos la fuerza necesaria para cumplir tu mandato de amor sin discriminación alguna. Y, si tenemos algunos favoritos, que sean precisamente nuestros hermanos en soledad y tristeza para que entre todos les facilitemos la alegría de vivir. ¡Qué magnífico y bello sería un mundo sin prejuicios ni discriminación, donde las personas se aceptasen sinceramente, se apreciasen y se amasen unas a otras! Que nosotros al menos nos contemos entre los que se esfuerzan denodadamente por lograr sentimientos de amor, bondad y solidaridad.
Gracias, Señor, porque tenemos la seguridad de hacer las cosas según tu voluntad. Amén.
NO OLVIDEMOS: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor». Feliz, vocacional y alegre jueves.
Pensamientos para el Evangelio de hoy
* «Dios mío, Trinidad a quien adoro, pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada amada y el lugar de tu reposo. Que yo no te deje jamás solo en ella, sino que yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas a tu acción creadora» (beata Isabel de la Trinidad)
* «Dios sabe transformar en amor incluso las cosas difíciles y agobiantes de nuestra vida. Lo importante es que ‘permanezcamos’ en la vid, en Cristo» (Benedicto XVI)
