En sentimientos de generosidad y disponibilidad, te damos gracias por este amanecer que se inicia para cada uno de nosotros. Te damos gracias, Señor, porque pensamos que es bastante fácil amarte a ti, pero amar a todos los que nos rodean, con todos sus defectos, con frecuencia nos parece algo por encima de nuestras fuerzas. Haznos conscientes, Señor, de que tú nos has aceptado tal como somos y aun así nos amas sin reserva. Danos fuerza para ser pacientes con todos, para comprenderlos y amarlos, y para elegirlos como nuestros hermanos, porque tú nos has elegido tal como somos y al mismo nos dices que no hay mayor amor que entregar la vida por los amigos; y eso es precisamente lo que tú hiciste. Queremos recibir de ti la suficiente fortaleza, para seguir tu ejemplo y testimonio de dar la vida por nuestros amigos, desgastándonos en servicio, fraternidad y solidaridad. Gracias, Señor, por dar la vida por nosotros.
Llevemos este pensamiento inspirador en las palabras del apóstol Santiago: “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen de sustento diario, y alguno de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos y hartaos’, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (2,15-17).
Con alegría y buenos deseos de hacer las obras que nos pides iniciemos este viernes en optimismo y buenos sentimientos dejando que nos guíe la bendición del Padre y la presencia de la Virgencita. Amén.
