El lucero de la mañana nos anuncia el inicio de un nuevo día. Gracias Padre de bondad por todo lo que estamos seguros recibiremos de tus manos. Ponemos nuestra semana en tus Santas manos y te pedimos nuestra compañía, para que nuestras obras y acciones sean bendecidas.
Señor Dios nuestro: Perdónanos porque, por nuestra fe débil, pedimos a veces señales y milagros. Sabemos que tú eres nuestro Señor y Salvador, nuestra guía y camino, pero a veces no nos es fácil reconocer tu presencia amorosa. Danos ojos de fe para percibir el signo de que tú estás con nosotros en tu mensaje, en el evangelio, en la cotidianidad de nuestro diario vivir. Purifica nuestra confianza en ti para que logremos ser más maduros espiritualmente. No permitas que seamos sacudidos por las olas de nuestras dudas y temores, sino acepta nuestra voluntad para ser fieles a ti y a los hermanos. Señor, sabemos que tú estás a nuestro lado todos los días tanto los de felicidad y alegría como los de prueba y sufrimiento. Ayúdanos a no abandonar a nuestros hermanos necesitados, sino más bien a fortalecer su confianza en ti, para que juntos podamos marchar hacia adelante hacia la alegría que nos prometes. No permitas, Señor, que seamos como Caín para nuestros hermanos y, al contrario, sintamos que compartimos sus alegrías con nuestras alegrías, sus tristezas con nuestra solidaridad. Que el único signo que te pidamos sea tu presencia y tu amor en medio de nosotros. Amén.
Un muy feliz y santo inicio de semana y un lunes esperanzador.
Un espacio para la reflexión — Mirada al interior
Suena el despertador. Su alarma amenaza con marcar el ritmo de este día. Para evitar que eso suceda, bajo rápido a lo hondo de mí mismo. Miro mi reloj interior y le pregunto por la hora: la de mis sentimientos, la de mis caminos, la de mis vientos, la de mis sueños. Cuando me la dice, apago el despertador. No me hace falta. Sé mi hora y, sobre todo, ¡estoy dispuesto a vivirla! (Francisco José Ruiz Pérez, sj)
