«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla» (Mt 11, 25). Hoy nosotros te damos gracias porque sigues acompañándonos en zarzas ardientes que nos descalzan de nuestros propios temores, ideas, prejuicios y planes; porque siempre que nos llamas y nos envías. Sabemos que no hay envío que no conlleve un poquito de sufrimiento, y algunas veces hasta temor; pero tú, Señor, no nos abandonas. Tú das sentido a nuestras vidas en todo momento y lo único que nos pides es saber escuchar y responder.
Se trata de descalzarnos, desprotegernos y abandonarnos humildemente a ti, para ─desde esa condición─ comprender tus designios de amor, porque ¡no estamos solos! Porque tú escuchas nuestros clamores y angustias. «Yo estoy contigo» nos dices a nosotros.
Que siempre abramos nuestros corazones, en humildad y sencillez, porque allí mismo te encontramos y es allí donde nos hablas. Permítenos encontrar tu corazón, con los ojos del nuestro, para que su calor quite el frío de nuestra indiferencia y su luz nos permita ver con claridad el horizonte de amor y fidelidad. Gracias, Señor, por darnos la ocasión de encontrar los maravillosos dones de la sabiduría y la esperanza que nos has revelado en medio de la sencillez y la humildad. Amén.
Esperanzador miércoles para todos, lleno de bendiciones. Amén.
PONGÁMONOS EN SUS MANOS
Señor, que nada me separe de tu presencia en este nuevo día. Guíame, hoy y siempre, para tomar las decisiones que me lleven a tu voluntad, de manera que pueda caminar bajo la sabiduría de tu palabra y no por mi propia prudencia. Protégeme y dirige mis acciones y palabras para glorificarte mediante ellas, siendo aliento y fortaleza de quienes están a mi alrededor. Dame la paciencia que me haga ser solidario y fraterno con nuestros hermanos e inspíranos para irradiar optimismo y felicidad. Amén.
Nos encomendamos a nuestro Ángel protector y la maternal intercesión de nuestra Madre celestial.
