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13-jun.-2023, martes de la 10.ª semana del Tiempo Ordinario

«Ustedes son la sal de la tierra... Ustedes son la luz del mundo».

Nuestro amor y agradecimiento nos hacen exclamar en este día que, desde tu sabiduría, nos hablas con ejemplos que todos podemos entender ya que salen de tu corazón. Te damos gracias en esta nueva mañana llena de esperanza, de fe y optimismo, que nos invita a realizar nuestras actividades con alegría; y, sabiendo que Tú nos acompañarás, con más razón pondremos todas nuestras fuerzas para que todo vaya bien según tu voluntad.

Con cada elemento de nuestro diario vivir tú nos enseñas su valor y lo que nos representan.

La sal… Su misión es disolverse entre la comida. Al final, aparece invisible a nuestros ojos, pero es perceptible para el gusto, realza el sabor, alegra las comidas y cuando falta la echamos de menos.

La luz… la luz (natural o artificial —gracias a la electricidad—) nos permite movernos con facilidad y admirarnos ante la vida creada; cuando falta, surge la desorientación y el miedo ante los peligros. Y basta una vela encendida para vencer la más oscura de las noches.

A cada uno de nosotros discípulos tuyos nos has entregado una vela encendida, nos la diste el día de nuestro bautismo como signo de tu luz. Es una luz incomparable que nada ni nadie nos puede dar, sólo tú, para saber que estamos para amar, para guiar y ser verdadera luz que ilumina el camino de nuestros hermanos que se encuentran en la oscuridad y en las tinieblas de la soledad, el pesimismo, y los tropiezos de la vida.

A cada uno nos has regalado un puñado de sal, nos la has dado en la Palabra y en la vida para dar sabor mediante las palabras y las acciones. Ayúdanos, Señor, a dar sabor de fe, esperanza y caridad. Que sepamos entregar la vida para dar vida, perdernos para ganarnos e iluminar con la luz de tu amor y tu bondad.

Que este día sea pleno de tu presencia en nuestros corazones. Feliz e iluminado martes para todos y que san Antonio de Padua a quien celebramos en este día nos ayude a ser testigos de amor y caridad.

PALABRAS DEL SANTO PADRE

En el Evangelio de hoy (cf. Mateo 5, 13-16), Jesús dice a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra [...]. Vosotros sois la luz del mundo» (vv. 13,14). (…) Primera imagen: la sal. La sal es el elemento que da sabor y conserva y preserva los alimentos de la corrupción. Por lo tanto, el discípulo está llamado a mantener alejados de la sociedad los peligros, los gérmenes corrosivos que contaminan la vida de las personas. Se trata de resistir a la degradación moral y el pecado, dando testimonio de los valores de honestidad y fraternidad, sin ceder a los halagos mundanos del arribismo, el poder y la riqueza. Es «sal» el discípulo que, a pesar de los fracasos diarios ―porque todos los tenemos―, se levanta del polvo de sus propios errores, comenzando de nuevo con coraje y paciencia, cada día, para buscar el diálogo y el encuentro con los demás. (…) La segunda imagen que Jesús propone a sus discípulos es la de la luz: «Vosotros sois la luz del mundo». La luz dispersa la oscuridad y nos permite ver. Jesús es la luz que ha disipado las tinieblas, pero aún permanecen en el mundo y en las personas. Es la tarea del cristiano dispersarlas haciendo brillar la luz de Cristo y proclamando su Evangelio. Es una irradiación que también puede provenir de nuestras palabras, pero debe fluir sobre todo de nuestras «buenas obras» (v. 16). (…) El discípulo de Jesús es luz cuando sabe vivir su fe fuera de los espacios estrechos, cuando ayuda a eliminar los prejuicios, a eliminar la calumnia y a llevar la luz de la verdad a situaciones viciadas por la hipocresía y la mentira. Hacer luz. Pero no mi luz, es la luz de Jesús: somos instrumentos para que la luz de Jesús llegue a todos. (Ángelus, 9 febrero 2020)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.