Qué hermosa fecha y día en que te quisiste revelar, humildemente y llena de ternura. Te damos gracias por ser nuestra Madre e intercesora, por acogernos como hijos y —ante todo— por amarnos tanto. Hoy queremos ponernos a tus pies y recostarnos en tu santo regazo para que nos guíes y protejas con tu manto sagrado.
Gracias, Señor. Ahora recibe nuestra oración: Pasan las horas, pasan los días y las semanas y hoy al darte gracias por lo que nos has regalado, nos podemos preguntar: ¿qué hemos hecho y realizado durante esta semana? ¿Hemos sido pacientes y optimistas en lo que hemos laborado? Hoy Jesús nos dice "no se inquiete vuestro corazón, creed en Dios y creed en mí". Hoy te pedimos que aumentes nuestra fe para que nuestros sentimientos sean verdadera fuente de amor y de bondad. Creyendo en ti podemos sentir que todo lo que damos a los demás será fuente de bendiciones. Queremos sentir en nuestros corazones que en verdad tú eres para nosotros el camino que nos conduce a ti y a los hermanos, la verdad, que es Buena Nueva de amor y de esperanza, y la vida que sacrificaste para entregarla por nosotros. Ayúdanos a descubrir el camino hacia ti y a seguir tu mismo camino hacia los otros, a proclamar siempre la verdad alentadora y creíble, y a dar nuestra vida compartiendo felicidad y alegría con nuestros hermanos. Gracias, Señor, por los momentos compartidos y lo productivo que ha sido cada uno de los días de esta semana. Te alabamos por ser nuestro guía; te bendecimos por ser nuestra luz; te glorificamos por ser nuestro Salvador, te damos gracias por permanecer con nosotros. Amén.
Un muy feliz, santo y reparador fin de semana. Nuestra Madre, la Virgencita, siga siendo para nosotros fuente de bondad y de ternura. Un muy feliz, deseado y mariano fin de semana, colocados en sus santas manos y protegidos por su manto sagrado.
ORACIÓN
Oh Santísima Virgen de Fátima, que nos diste un bello mensaje de amor, de unión, de misericordia y esperanza, en el Santuario a los tres Pastorcitos y nos pediste que no dejáramos de orar para alcanzar la paz en el mundo, la paz en nuestros hogares y en nuestras almas, y para apartar, por medio de nuestras plegarias, los males que nos acechan, las adversidades que nos causan tristeza y las calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, concédenos tu maternal protección y asistencia en todos los momentos de nuestras vidas, en especial en las horas amargas de enfermedad.
¡Bendita Nuestra Señora de Fátima, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos! Que, movida por el ruego de los pastorcitos, Lucia de Jesús, María y Francisco Marto, obraste ya prodigiosas curaciones en tus apariciones en Fátima y con gran generosidad otorgas tus milagros en favor de todos los afligidos y enfermos. Te pedimos que escuches y atiendas a los que ahora llenos de esperanza te invocamos y acudimos a tu Corazón maternal llenos de filial confianza, suplicando tu mediación poderosa ante Jesús, tu Hijo, para que ....... (nombre de la persona enferma) sea aliviado de sus dolores, de sus congojas, y cuanto antes, si es la voluntad del Padre Celestial, sea sanado de su enfermedad. Amén.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
¿cuál es el espíritu del mundo? ¿Qué es esta mundanidad, capaz de odiar, de destruir a Jesús y sus discípulos, es más, de corromperlos y corromper a la Iglesia? (…) La mundanidad es una cultura; es una cultura de lo efímero, una cultura de la apariencia, del maquillaje, una cultura de “hoy sí, mañana no, mañana sí y hoy no”. Tiene valores superficiales. Una cultura que no conoce la fidelidad, porque cambia según las circunstancias, lo negocia todo. Esta es la cultura mundana, la cultura de la mundanidad. Es una cultura de usar y tirar, según la conveniencia. Es una cultura sin lealtad, no tiene raíces. Pero es una forma de vida, un modo de vivir también de muchos que se llaman cristianos. Son cristianos pero son mundanos. (Homilía Santa Marta, 16 mayo 2020)
