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14-abr.-2023, viernes de la Octava de Pascua

“Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”

Por esta primera semana de tiempo pascual viviendo la alegría de la Resurrección, por lo servido y recibido sentimos el corazón agradecido. Hoy nos encontramos con los sentimientos que pudieron vivir tus discípulos al no reconocerte Resucitado. Primero, no se dan cuenta que tú estás allí, te toman como un extraño; después, como consecuencia de una palabra o acción tuya —como sucede normalmente—, caen en la cuenta de que eres tú, el Señor; y, como se espera, los primeros en reconocerte son los que más te aman. Tu apariencia de Resucitado es completamente diferente de aquella con la que te conocieron antes de tu muerte y resurrección. Hoy te reconocemos Resucitado porque el Espíritu nos conduce hacia ti y nos transmite el mensaje de esperanza por el cual vale la pena vivir. Aumenta nuestra fe y llénanos con la fortaleza de tu Espíritu, para que aprendamos a vivir con firmeza en las inseguridades, y responder desde tu Palabra a las exigencias y las necesidades de estos tiempos.

Tal vez nos encontramos, como Pedro y sus compañeros de pesca, con la barca vacía y desalentados, después de trabajar toda la noche sin resultado. Deberíamos pensar como dice un autor: la noche del esfuerzo inútil que todos hemos experimentado en alguna ocasión. Llega la luz a la noche cerrada de nuestras ineficaces rutinas, pero Tú te adentras en la noche de la pesca baldía y nos sorprende a todos al pedirnos a nosotros, discípulos cansados, que repitamos las mismas acciones. La diferencia es que ahora deberíamos estar atentos a tu Presencia como Resucitado y exclamar como el discípulo amado: ¡Es el Señor! Gracias, Señor, porque tenemos la oportunidad de escucharte decir: “Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. Gracias Señor, por la abundante pesca que esperamos conseguir en este último día de la semana laboral. Amén.

PALABRAS DEL SANTO PADRE

En aquella exclamación: «¡Es el Señor!», está todo el entusiasmo de la fe pascual, llena de alegría y de asombro, que se opone con fuerza a la confusión, al desaliento, al sentido de impotencia que se había acumulado en el ánimo de los discípulos. La presencia de Jesús resucitado transforma todas las cosas: la oscuridad es vencida por la luz, el trabajo inútil es nuevamente fructuoso y prometedor, el sentido de cansancio y de abandono deja espacio a un nuevo impulso y a la certeza de que Él está con nosotros. Desde entonces, estos mismos sentimientos animan a la Iglesia, la Comunidad del Resucitado. ¡Todos nosotros somos la comunidad del Resucitado! Si a una mirada superficial puede parecer, en algunas ocasiones, que el poder lo tienen las tinieblas del mal y el cansancio de la vida cotidiana, la Iglesia sabe con certeza que en quienes siguen al Señor Jesús resplandece ya imperecedera la luz de la Pascua. El gran anuncio de la Resurrección infunde en el corazón de los creyentes una íntima alegría y una esperanza invencibles. ¡Cristo ha verdaderamente resucitado! (Regina Caeli 10 de abril de 2016)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.