En tu bondad y misericordia, te damos gracias por un nuevo despertar y un amanecer que nos comienza a hablar de Ti. Gracias por la vida, la salud y el bienestar con el que emprenderemos nuestras labores cotidianas. Ayúdanos a caminar en alegría y felicidad, sabiendo que estás a nuestro lado y en nuestros corazones.
Qué bellas palabras nos regalas en este día. Son perfectas para aquel que se ha levantado con pesimismo y con temor para afrontar esta jornada. Tú nos dices a todos, como dijiste a tus discípulos: «no tengáis miedo»; nos dices «venid a mí, los cansados y agobiados». Hoy encontramos consuelo porque tus palabras contienen la promesa del alivio que proviene de tu amor; alegría, porque hacen que el corazón manifieste la seguridad en la fe de tu promesa: «Yo os aliviaré»; esperanzas, porque no nos defraudas: «aprended de Mí, que soy manso y humilde…».
Danos la gracia de comprender en tu palabra los motivos de servicio a nuestros hermanos y de solidaridad fraterna con quien se encuentra en desánimo y desesperanza. Que podamos compartir sus cargas. Que no los miremos con superioridad, sino que los acojamos e integremos a nuestras vidas. Que lloremos con el que llora y riamos con el que ríe. Que consolemos. Que escuchemos. La carga es más ligera cuando tenemos tus sentimientos y tu amor. Y el amor es precisamente tu nombre. Bendícenos y protégenos hoy y siempre. Amén.
Un muy feliz y vocacional jueves. ¡ÁNIMO, DIOS ESTÁ CON NOSOTROS!
Mis queridos hermanos, les ruego el favor una oración por mi salud. Este día tendré una cirugía y confío en que el Señor de la vida y la Virgencita serán mis divinos protectores. El Divino Médico guiará con sus manos nuestra cirugía. Por si acaso, de pronto no enviaré la oración diaria, pero vamos con mucha fe, esperanza y optimismo. Feliz día y según la voluntad del Padre, todo irá muy bien.
Reflexión Papa Francisco
En la lectura del Evangelio de hoy... Vemos que Jesús se dirige también a los «cansados y agobiados». En efecto, Él se coloca entre ellos, porque es «manso y humilde de corazón» (v. 29): así se describe a sí mismo... Jesús dice que, si vamos a Él, encontraremos alivio. El "alivio" que Cristo ofrece a los cansados y oprimidos no es un mero consuelo psicológico o una pródiga limosna, sino la alegría de los pobres evangelizados y constructores de la nueva humanidad: esto es el consuelo. La alegría. La alegría que nos da Jesús es única. Es la alegría que Él mismo tiene.
