Bendito y alabado seas por esta mañana que nace para nosotros. Gracias por darnos la ocasión de poder iniciar nuestras labores con ánimo y optimismo.
La cruz es siempre dura de llevar y estamos tentados a refunfuñar y revelarnos ante los sufrimientos y pruebas de la vida. Nos olvidamos que caminaste delante de nosotros: cargaste con la cruz y diste tu vida en ella. Pero sabemos que eres más fuerte que la muerte, y la necedad y el escándalo de la cruz nos ha salvado de nuestros pecados y de la muerte. No permitas que nos olvidemos que La cruz fue tu camino hacia la victoria. Para todos nosotros, tus discípulos, éste es el camino para la vida y la resurrección. Perdona nuestras dudas al cargar con la cruz, ya que nos surgen interrogantes: ¿cómo llevamos nuestra cruz? ¿cargamos con ella como tú la llevaste? ¿es la cruz un escándalo para nosotros o nuestra esperanza y salvación? Danos la certeza de estar llevándola con alegría y esperanza y mantener tus palabras en nuestro pensamiento: "el que quiera seguirme que tome su cruz de cada día y me siga". "Cargad con mi yugo, ya que mi yugo es llevadero y mi carga ligera". Permite que, cuando sintamos el cansancio del camino y nuestras fuerzas desfallezcan, nuestra mirada se eleve y veamos que tu sufrimiento fue mayor que los nuestros y que tu entrega fue total, para que nosotros pudiéramos soportar nuestros propios sufrimientos y cansancios. Ahora, Señor, ayúdanos a cargar nuestra cruz y que lo hagamos en fe y esperanza, porque nuestra cruz es de amor, de entrega y de servicio; que podamos llevarla con alegría y no en un continuo protestar. Tú la llevaste y la abrazaste hasta dar tu vida en ella y la convertiste en victoria. Que la nuestra se convierta en victoria sobre el pecado. Amén.
Feliz jueves lleno de esperanza y caridad.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
«De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna» (Jn 3,14-15). Este es el cambio radical, ha llegado a nosotros la serpiente que salva: Jesús, que, elevado sobre el mástil de la cruz, no permite que las serpientes venenosas que nos acechan nos conduzcan a la muerte. Ante nuestras bajezas, Dios nos da una nueva estatura; si tenemos la mirada puesta en Jesús, las mordeduras del mal no pueden ya dominarnos, porque Él, en la cruz, ha tomado sobre sí el veneno del pecado y de la muerte, y ha derrotado su poder destructivo. Esto es lo que ha hecho el Padre ante la difusión del mal en el mundo; nos ha dado a Jesús, que se ha hecho cercano a nosotros como nunca habríamos podido imaginar: «A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro» (2 Co 5,21). Esta es la infinita grandeza de la divina misericordia: Jesús que se ha “identificado con el pecado” en favor nuestro, Jesús que sobre la cruz —podríamos decir— “se ha hecho serpiente” para que, mirándolo a Él, podamos resistir las mordeduras venenosas de las serpientes malignas que nos atacan.
Hermanos y hermanas, este es el camino, el camino de nuestra salvación, de nuestro renacimiento y resurrección: mirar a Jesús crucificado. (Homilía, Nur-Sultan, Kazakhstan, 14 septiembre 2022)
