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15-ago.-2023, martes de la 19.ª semana del Tiempo Ordinario

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

scuchamos el despertador y sabemos que es hora de iniciar nuestra jornada, primero que todo, dando gracias al Padre celestial y a Nuestro Salvador con el que compartiremos esta jornada; si lo quieres, iremos a nuestros hermanos y procuraremos hacer el bien, inspirándonos en tu Palabra.

Hoy nos regocijamos en esta gran fiesta de María, la fiesta de su Pascua, la Asunción de Nuestra Señora. En la tierra siguió el camino de Jesús, vivió sin reservas las Bienaventuranzas y ahora comparte tu gloria.

La Asunción debe ser para nosotros un signo de esperanza. Nos recuerda que nosotros también estamos llamados a participar con ella de tu victoria, si estamos dispuestos a compartir con ella en la fe humilde, en el servicio a nuestros hermanos y en su sencillez. Danos su actitud de confiada, apertura al cumplimiento de tu voluntad, para que venzas en nosotros al mal y a la muerte y nos lleves con María a tu alegría prometida. Ayúdanos a responder plenamente en humildad y servicio a tus planes y a reconocer como ella que su grandeza procede del Padre celestial. Que tu Espíritu nos impulse también a buscar tu voluntad en todas nuestras obras. Danos la gracia de exclamar con María: “proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”. Con María te damos gracias por las grandes cosas que hiciste en ella y que también sigues haciendo en y con nosotros y que al igual que ella, seamos testimonio de servicio, entrega y disponibilidad. Amén.

Nos bendiga, nos auxilie y nos proteja el amor de Nuestra Madre Santísima. Feliz martes para todos.

ORACIÓN A LA VIRGEN

Madre asunta al Cielo: Tú eres esplendor que no ensombrece la luz de Cristo, porque vives en él y para él. Todo en ti es “Sí”. Tú eres la Inmaculada, eres transparencia y plenitud de la gracia.

Aquí estamos, pues, tus hijos, para buscar amparo bajo tu materna protección e implorar confiados tu intercesión ante los desafíos ocultos del futuro.

Te encomendamos a todos los hombres, comenzando por los más débiles, a los niños que aún no han visto la luz y a los que han nacido en medio de la pobreza y el sufrimiento, a los adolescentes rebeldes a los jóvenes en busca de sentido, a las personas adultas que no tienen empleo y a las que padecen hambre, olvido, violencia y enfermedad. Te encomendamos a las familias rotas, a los ancianos, venerables y patriarcas que carecen de asistencia y a cuantos están solos y sin esperanza. Abre nuestros corazones a la justicia y al amor, y guíanos hacia una comprensión recíproca y hacia un firme deseo de paz. Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.