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15-ene.-2026, jueves de la 1.ª semana del T. O.

Tres palabras que indican el estilo de Dios: cercanía, compasión, ternura

Por un nuevo día, gracias Señor; por el don de la vida, gracias, Señor; por ser nuestro auxilio y escudo, gracias, Señor. 

Hoy con humildad iniciamos nuestro caminar, reconociendo que en ocasiones no depositamos nuestra confianza en Ti. Repréndenos, Señor, cuando nuestros corazones se han endurecido. Un corazón endurecido es el que se muestra indiferente ante las dificultades humanas, ante la pobreza, la violencia, el odio, la venganza, la soledad. 

Hoy nos regalas palabras hermosas y sabias para ser capaces de comprender y afrontar estas situaciones adversas: «animaos los unos a los otros, cada día, mientras dure este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca». Danos corazones dóciles, llenos de buenos sentimientos, y concédenos experimentar tu misericordia en nuestros hermanos. Que hoy nos sintamos invitados para limpiar lo que no está sano en nuestra vida; que vivamos la humildad y la confianza de los que acudimos a Ti, para que limpies totalmente nuestro ser. Permite que vivamos la alegría de sentirnos sanados por tu mano que se extiende y nos toca en nuestra debilidad. Danos la capacidad de aceptarnos mutua y plenamente como somos, sin juzgar, sin condenar, sin envidiar, sin despreciar a nadie, sin tratar de modelar a los demás a nuestra propia imagen y semejanza. Que, como el leproso, podamos elevar nuestra súplica confiada: «si quieres puedes limpiarme». Que podamos escuchar hoy tu voz amorosa comprender la inmensidad de tu amor al escuchar tu respuesta «sí quiero, queda limpio». Que Nuestra Madre Santísima nos ayude y seamos plenamente felices. Amén. 

Un muy esperanzador jueves lleno de cosas hermosas. 

PALABRA DEL PAPA

El Evangelio de hoy (cf. Mc 1,40-45) nos presenta el encuentro entre Jesús y un hombre enfermo de lepra. Los leprosos eran considerados impuros y, según las prescripciones de la Ley, debían permanecer fuera de los lugares habitados. Eran excluidos de toda relación humana, social y religiosa. Por ejemplo, no podían entrar en la sinagoga, no podían entrar en el Templo, también religiosamente. Jesús, en cambio, deja que se le acerque aquel hombre, se conmueve, incluso extiende la mano y lo toca. Esto era impensable en aquel tiempo. De este modo, realiza la Buena Noticia que anuncia: Dios se ha hecho cercano a nuestra vida, tiene compasión de la suerte de la humanidad herida y viene a derribar toda barrera que nos impide vivir nuestra relación con Él, con los demás y con nosotros mismos. Se hizo cercano. Cercanía. Recuérdense bien de esta palabra: cercanía, compasión. El evangelio dice que Jesús al ver al leproso “tuvo compasión de él”. Y ternura. Tres palabras que indican el estilo de Dios: cercanía, compasión, ternura.  (Francisco - Ángelus, 14 de febrero de 2021)

ORACIÓN 

Señor Jesús, Tú que te conmoviste por el leproso, mira con el mismo amor nuestras miserias y exclusiones. Te pedimos con la fe de aquel hombre: "si quieres, puedes limpiarme". Confiamos en tu poder y en tu voluntad amorosa para sanar nuestras heridas físicas, emocionales y espirituales.

Gracias por el don de tu toque que restaura no solo el cuerpo, sino la dignidad y la pertenencia. Ayúdanos a no alejarnos de ti por vergüenza o miedo, sino a acercarnos con humildad y esperanza.

Que, una vez sanados, seamos testigos gozosos de tu misericordia, proclamando tu bondad en todas partes, aunque a veces sea difícil guardar silencio. Amén. 

Reflexión del Evangelio (cf. P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo)

Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ‘¡Sí quiero: sana!’ 

El Señor ha venido a sanarnos de todas nuestras heridas, fundamentalmente las del alma y el corazón; en ocasiones, también de las enfermedades o heridas corporales, si eso redunda en la gloria del Padre o en nuestro crecimiento espiritual.

Con respecto a lo que en este tiempo nos aqueja, solo necesitamos pedirle al Señor que nos sane, si Él quiere, como lo ha hecho el leproso del Evangelio de hoy. Pero para hacerlo necesitamos pedir la ayuda del Espíritu Santo para tomar conciencia de nuestras enfermedades psicológicas, afectivas o espirituales. Porque si no nos reconocemos enfermos, no permitiremos que Él nos sane, aunque quiera, porque —como hemos dicho en otras ocasiones— Él siempre respeta nuestra libertad.

Hoy te invito a orar al Espíritu Santo para que con su luz reconozcas las enfermedades de tu alma y le pidas al Señor que te sane si quiere, que tenga compasión de ti. 

Te garantizo que, abriendo de esta manera el corazón, el Señor te irá moldeando poco a poco, te irá rescatando y sanando, para que, como el hombre curado de la lepra, tú tampoco puedas ya callar la grandeza de Dios, la grandeza de su misericordia. 

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.