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15-feb.-2023, miércoles de la 6.ª semana del Tiempo Ordinario

 “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor”.

Te damos gracias, Señor, y nos disponemos a vivir este encuentro amoroso con tu amor y misericordia pidiéndote que afiancemos nuestra fe y nuestra esperanza para que —perseverando en la oración— seamos testigos de tu amor y caminemos en servicio y disponibilidad en bien de todos nuestros hermanos con los que compartiremos este día. Elevamos confiadamente nuestra oración: Tú eres fuente de salud y vida, ojalá cada uno de nosotros también pudiera decir con el ciego del evangelio “Que vea de nuevo, Señor”, porque estamos ciegos al amor que tú nos muestras en la gente que nos rodea. Que veamos de nuevo, porque estamos ciegos al esplendor y la belleza que tú nos revelas en nuestros hermanos y en los acontecimientos de nuestro diario vivir. Abre nuestros ojos a tu bondad y misericordia; ayúdanos a mirar los ojos de los niños que se abren a la vida, los ojos llenos de esperanza que se abren al futuro que tú nos prometes, los ojos desalentados de los que se rinden ante los problemas de la vida. Danos la Luz que ilumina nuestras vidas, e ilumina nuestros ojos con fe clara y profunda. A ti nos acogemos, en ti confiamos y en ti esperamos. Amén.

Un muy feliz y esperanzador miércoles, vivido en fe y optimismo.

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Con este milagro Jesús se manifiesta y se manifiesta a nosotros como luz del mundo (…) Todos necesitamos una luz nueva: la de la fe, que Jesús nos ha donado. Efectivamente ese ciego del Evangelio aclarando la vista se abre al misterio de Cristo (…) Si ahora os preguntase: “¿Creéis que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Creéis que puede cambiaros el corazón? ¿Creéis que puede hacer ver la realidad como la ve Él, no como la vemos nosotros? ¿Creéis que Él es la luz, nos da la verdadera luz?” (…) ¿Qué significa tener la verdadera luz, caminar en la luz? Significa ante todo abandonar las luces falsas: la luz fría y fatua del prejuicio contra los demás, porque el prejuicio distorsiona la realidad y nos carga de rechazo contra quienes juzgamos sin misericordia y condenamos sin apelo (…) Otra falsa luz, porque es seductora y ambigua, es la del interés personal: si valoramos hombres y cosas en base al criterio de nuestra utilidad, de nuestro placer, de nuestro prestigio, no somos fieles la verdad en las relaciones y en las situaciones (…) Y que esta nueva iluminación nos transforme en las actitudes y en las acciones, para ser también nosotros, a partir de nuestra pobreza, de nuestras pequeñeces, portadores de un rayo de la luz de Cristo. (Ángelus, 26 marzo de 2017).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.