Agradecidos por la ternura y amor de nuestra intercesora, la Virgen, demos gracias a Dios por este día que nos regala. Señor, Dios nuestro: Sabemos que las penas y sufrimientos son inevitables en esta vida para los que te seguimos. Danos suficiente confianza en ti para mantenernos fieles y para creer y esperar en tu amor incluso en el abismo del sufrimiento. Danos el valor de enfrentar y asumir las dificultades de la vida y de llevar los unos las cruces de los otros, unidos a María, nuestra Madre Dolorosa. Ella nos dé fortaleza para sobrellevar las cargas pesadas de la vida y que podamos aprender de ella como la Madre Dolorosa, a estar de pie y cercanos a todos aquellos que sufren.
A ti, Madre del Dolor y del sufrimiento, te pedimos que nos ayudes a soportar nuestros momentos de soledad, incertidumbre y tristeza ante las dificultades de la vida. Déjanos recostar en tu santo regazo y consuélanos en todo momento. Gracias, Madre, por tu amor y tu ternura. Perdona todas las veces en que hemos faltado al amor de tu Hijo y hemos caído en desesperanza. A tu protección y auxilio nos acogemos. Amén.
Con el mayor optimismo y las esperanzas vivas, llevando la cruz de la fe, la fortaleza y la Caridad, vayamos a vivir en felicidad este jueves vocacional. Amén. Bendiciones abundantes y abrazos.
Reflexión del papa Francisco
Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación, Cristo nos lleva a María. Él nos lleva a ella, porque no quiere que caminemos sin una madre, y el pueblo lee en esa imagen materna todos los misterios del Evangelio. Al Señor no le agrada que falte a su Iglesia el icono femenino. Ella, que lo engendró con tanta fe, también acompaña "al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús" (Ap 12,17).
