El comienzo de este día marca para nosotros una esperanza y una fe: la esperanza de saber que tenemos un nuevo día y la fe de saber que tú nos acompañarás. Queremos iniciarlo con alegría y con optimismo sentir que todo lo que realicemos sea para alabarte, dando la oportunidad a que nuestros hermanos sientan tu presencia con la nuestra.
Ante la pregunta que dirigiste a tus discípulos —y que sabemos que hoy nos la diriges a nosotros— queremos darte una respuesta sincera desde el corazón: tú eres nuestro guía, nuestro salvador, la luz que ilumina nuestro camino, y la fortaleza en nuestras debilidades.
Como a Pedro, que no podía aceptar la figura de un Señor sufriente, a nosotros también nos es difícil aceptar el dolor y la contradicción. Nos quejamos y protestamos: “¿Por qué yo? ¿por qué a mí?” Pero, de Ti tenemos que aprender que el dolor y la dificultad son parte de nuestra vida y, con frecuencia, son también el camino para la vida y la alegría.
Perdónanos cuando nos quejamos y sentimos sacudida nuestra confianza. Ayúdanos a aceptar el sufrimiento como parte de nuestra vida y como una forma de crecimiento y madurez espiritual. Que sepamos seguirte, no solamente en tu camino hacia la felicidad y la alegría, sino cuando sea necesario, en tu camino hacia la cruz.
Señor, a tus manos nos confiamos y estamos seguros de dar con nuestras obras el mejor testimonio de decir quién eres tú. Que nuestra Madre santísima nos acompañe y en su santo regazo nos proteja.
Feliz jueves vocacional para todos.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
El Señor quiere que sus discípulos de ayer y de hoy establezcan con Él una relación personal, y así lo acojan en el centro de sus vidas. Por este motivo los exhorta a ponerse con toda la verdad ante sí mismos y les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (v. 29). Jesús, hoy, nos vuelve a dirigir esta pregunta tan directa y confidencial a cada uno de nosotros: «¿Tú quién dices que soy? ¿Vosotros quién decís que soy? ¿Quién soy yo para ti?». Cada uno de nosotros está llamado a responder, en su corazón, dejándose iluminar por la luz que el Padre nos da para conocer a su Hijo Jesús. Y puede sucedernos a nosotros lo mismo que le sucedió a Pedro, y afirmar con entusiasmo: «Tú eres el Cristo». Cuando Jesús les dice claramente aquello que dice a los discípulos, es decir, que su misión se cumple no en el amplio camino del triunfo, sino en el arduo sendero del Siervo sufriente, humillado, rechazado y crucificado, entonces puede sucedernos también a nosotros como a Pedro, y protestar y rebelarnos porque eso contrasta con nuestras expectativas, con las expectativas mundanas. En esos momentos, también nosotros nos merecemos el reproche de Jesús: «¡Quítate de mí vista, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (v. 33). (Ángelus, 16 septiembre de 2018)
