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17-feb.-2023, viernes de la 6.ª semana del Tiempo Ordinario

«El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga» (Mc 8, 34).

Por tu bondad y misericordia nos regalas un día más de vida. Gracias, Señor, por todo lo que recibiremos de Ti. Que en este día cuando tú nos invitas a llevar la cruz lo hagamos con la alegría de saber que te seguimos incondicionalmente. Por tu misericordia nos enviaste a tu Hijo para liberarnos de nuestro egoísmo, del miedo, del pecado y de la muerte por medio de su cruz. Haz que crezcamos asimilando las actitudes y la mentalidad de Jesús y llénanos con la fuerza de su Espíritu para que con él sepamos llevar las cargas de la vida y aceptar los sufrimientos, de modo que podamos vivir para otros y llevarles esperanza y alegría.

Señor, danos tu fuerza para caminar con valor en nuestro viaje a través de la vida, también cuando la misma vida se convierte en camino de cruz, para que te sigamos hasta el fin. No permitas que nuestro lenguaje sea equivocado o confuso para poder llevar la palabra oportuna, amorosa y servicial a nuestros hermanos. Que nuestro lenguaje sea el del amor y nuestra pretensión sea la de construir el reino de los cielos en medio de nosotros.

Que nuestra Madre Santísima sea la grata compañía en este final de semana. Amén.

Felicidades para todos y bendiciones.

Reflexión

¿Qué significa perder la vida por causa de Jesús? Esto puede suceder de dos maneras explícitamente confesando la fe, o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una fila inmensa de hombres y mujeres que han sacrificado su vida por permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio... También está el martirio cotidiano que, aunque no comporta la muerte, es un modo de perder la vida por Cristo, cumpliendo con amor el propio deber, conforme la lógica de Jesús, la lógica de la donación, del sacrificio. Pensemos: ¡Cuántos papás y mamás cada día ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente su propia vida por el bien de la familia! Pensemos en esto. ¡Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas desarrollan con generosidad su servicio por el Reino de Dios! ¡Cuántos jóvenes renuncian a sus propios intereses para dedicarse a los niños, a las personas con condición de discapacidad, a los ancianos!... También estos son mártires, mártires cotidianos, mártires de la cotidianidad.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.