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17-jul.-2022 domingo de la 16.ª semana del Tiempo Ordinario

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Grato amanecer y día de bendiciones recibidas y compartidas.

Grato amanecer y día de bendiciones recibidas y compartidas. En la alegría de esta mañana, abrimos nuestros corazones para escuchar tu palabra y saber qué hemos de hacer para cumplir tu voluntad. Hoy eres nuestro anfitrión y nuestro huésped. En muchas ocasiones y con frecuencia dejamos de reconocerte cuando te acercas a nosotros como nuestro huésped en la persona de nuestros hermanos. No permitas que nos olvidemos de ti en medio del bullicio y del ajetreo de nuestra vida. Danos la gracia de ver que eres tú a quien acogemos cuando recibimos a nuestros huéspedes. Danos también la gracia de escucharte cuando nos hablas por medio de nuestros hermanos. Sé nuestro huésped y compañero y guíanos por tus senderos de amor y fraternidad.

Que sepamos nosotros acogerte con entusiasmo y aprendamos de Ti, también a recibirte y acogerte en los que acuden a nosotros buscando perdón, un poco de calor humano, paciencia, esperanza y alegría. Que no pasen de largo ante nosotros nuestros hermanos necesitados.

Abrahán acoge al extraño con exquisita hospitalidad, sin saber ─al principio─ que está recibiendo a Dios mismo. Dios da a Abrahán más de lo que Abrahán pudiera dar a Dios: el hijo de la promesa. Permítenos, Señor, expresarte las mismas palabras de Abraham: «si he alcanzado tu favor, no pases de largo». Y como María, a tus pies encontremos la alegría de poder escucharte para luego servir con entusiasmo a nuestros hermanos. Te dejamos a Ti nuestras preocupaciones, nuestros anhelos y esperanzas, con la seguridad que escuchándote podremos vivir en felicidad y alegría. Hermosas son tus palabras para encontrar la paciencia necesaria y no caer en desesperos como el momento de Marta: «andas inquieta y preocupada con muchas cosas, sólo una es necesaria». Ojalá encontremos la paciencia y tranquilidad en María: «ha escogido la parte mejor, y no le será quitada». Amén. Feliz y santificado Domingo

“A los pies del Maestro, escuchemos tu palabra y llenemos nuestro corazón de sabiduría”. Los abrazo y los bendigo.

Quiero agradecer de una manera muy especial las oraciones y preocupaciones de cada uno de Ustedes. Doy fe del poder de la oración, como el Santo Rosario, y de los eslabones de muestra cadena y cada uno de ustedes se aferra a la oración. Humildemente les doy gracias a cada uno. Espero seguir fortaleciendo mi fuerza espiritual. Donde hay fe, hay esperanza; donde hay deseos de vivir hay calor humano y esos corazones se convirtieron en una hoguera que dio la fuerza suficiente para aferrarnos a la vida. Gracias, Señor, porque hemos pasado las tormentas y los vientos fuertes, pero tuvimos la fe para poder mover montañas. Ahora con mucha fe, y confiados en el amor maternal de Nuestra Señora la Virgencita, vamos pa’lante que es pa’llá.

LOS QUIERO MUCHÍSIMO. Feliz domingo.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.