Qué bueno, Señor, darte gracias al término de la semana y vivir este nuevo día con pensamientos positivos y optimistas para afrontar las actividades y quehaceres que nos regalas, y hacerlo pensando en las personas que amamos y aquellas que debemos amar mucho más.
Iniciemos hoy nuestra reflexión pensando estas palabras: llegar juntos es el principio, mantenernos juntos es el progreso y disfrutar juntos es el éxito. Porque hay algo importante y es que el verdadero amor es el que se vive, el que se siente, el que es generoso, el que es un don de Dios. Qué bello es cuando podemos contemplar el amor que se vive en los hogares, en los esposos. El amor que es verdadera fidelidad a ese compromiso grande de estar unidos y comprometidos a amarse y a sentirse amado. Hoy nos regalas en el evangelio esa muestra de amor cuando nos pides que seamos fieles a ese amor que hemos recibido gratuitamente de ti y que tenemos que saberlo compartir en las circunstancias y en los momentos de nuestras vidas.
Gracias, Señor, porque nos regalas tantas cosas, porque eres bueno, porque es eterna tu misericordia, porque nos has regalado la gratuidad de tu amor y has sido fiel hasta la cruz. Ayúdanos a comprender el amor que quieres que vivamos: el amor que acepta a la otra persona tal como ella es, que está dispuesto compartir todo de manera conjunta, el amor que sacrifica todos sus intereses personales, el amor que es fiel, el amor que es creativo, el amor que despierta lo mejor que hay en la otra persona. Este amor de esposos se exige también en nuestra amistad que merece y espera esa misma fidelidad: un amor que la inunde de confianza, un amor que sea lento para la queja y pronto para la alabanza, un amor que sepa secar las lágrimas y que proteja con un abrazo, un amor que escuche al corazón y lo comprenda, un amor que siempre busque la manera de decir cada día: eres lo más maravilloso que me ha pasado en la vida; eres especial para mí, eres el más grande regalo que Dios me ha concedido.
Valoremos a nuestros esposos y esposas y valoremos una verdadera amistad. El Señor quiere que vivamos. Felices y amorosos. “Ámense como yo os he amado”. Un viernes amoroso, fraterno y solidario para todos, colmados de bendiciones y del amor del Señor.
