Alegremente, y con nuestra confianza puesta en el Señor, contemplamos un nuevo amanecer que nos da la alegría y la convicción de que vendrá para nosotros una jornada llena de cosas maravillosas, ya que podremos realizar cada una de nuestras labores. Tenemos ojos para ver las maravillas que nos regala el Señor, manos laboriosas para realizar nuestras labores, pies para ir al encuentro de nuestros hermanos y caminar por senderos de esperanza y palabras en nuestra boca para decir que estamos agradecidos por la vida que nos regala Dios.
Señor, en la soledad y pesimismo cuando clamamos a ti en los desiertos de nuestras penas y soledades, sigue fortaleciéndonos con el alimento reconfortante de tu Cuerpo y con la bebida de alegría, la palabra de esperanza y tu presencia vivificante. Haz que percibamos también tu presencia en la gente que nos rodea, en sus palabras de consuelo y esperanza. Danos la certeza de que tú nos conduces firmemente hacia una alegría y una felicidad sin fin. Aunque muchos sientan alegría mientras otros pueden estar en tristeza, danos la gracia Señor de saber que todo al final será de felicidad y que nuestra verdadera vida está en confiar plenamente en tu palabra que nos asegura tu presencia y la plenitud de tu amor. «Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría». Pensemos: ¿cómo vivimos los momentos de tristeza y de angustia? Vivamos este jueves vocacional en certeza y con seguridad de estas palabras que nos regalaste: «He aquí yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo». Abrazos y bendiciones.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
«Nosotros debemos decir la verdad: no toda la vida cristiana es una fiesta. No toda. Se llora, muchas veces se llora». «cuando tú estás enfermo, cuando tienes un problema en familia, con los hijos, con la hija, con la esposa, con el marido. Cuando ves que el sueldo no llega a fin de mes y tienes un hijo enfermo y ves que no puedes pagar el préstamo de la casa y tienes que irte». Son «muchos problemas los que tenemos». Y, sin embargo, «Jesús nos dice: no tengáis miedo». «Vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre». Ser «valerosos en el sufrimiento y pensar que después viene el Señor; después viene el gozo, después de la oscuridad llega el sol». El deseo de que «el Señor dé a todos nosotros este gozo en esperanza», la paz es «el signo de que nosotros tenemos esta alegría en esperanza». Dan testimonio de esta «paz del alma» especialmente, tantos «enfermos al final de la vida, con los dolores». Porque precisamente «la paz es la semilla de la alegría, es la alegría en esperanza». Si, en efecto, «tienes paz en el alma en el momento de la oscuridad, en el momento de las dificultades, en el momento de las persecuciones, cuando todos se alegran de tu mal», es el signo claro de que «tú tienes la semilla de aquella alegría que vendrá después». (Homilía Santa Marta, 30 mayo 2014)
