Buenos días. Nos levantamos con deseos de hacer las cosas de la mejor manera posible. Señor, permítenos contar con la alegría de la esperanza y la fe del optimismo para realizar en tu santo nombre todas las acciones de este día.
Lucas te retrata con cariño, como curador de las enfermedades de la gente y como amigo y protector de los pobres. Que él nos inspire a abrir nuestros ojos a las necesidades de nuestros hermanos y nos ayude a amarlos y a cuidarlos cariñosamente; haznos pobres de corazón para que sepamos comprenderlos y llevarles alegría y consuelo. En el evangelio de hoy nos pides austeridad y sencillez, a su vez nos recuerda que la fuerza está en Dios Padre y nunca en nosotros. Somos instrumentos de tu amor y tu bondad para que hables por medio de nosotros, vayas al encuentro y puedas mirar al hermano por medio de nosotros.
¿Qué nos pides? Dar vida por medio de la esperanza, trabajar por la salud de la gente anunciándoles que tú no abandonas, ayudar a vivir, y anunciar la cercanía de Dios. Nuestro equipaje en este día sea el que tú quieras: en la maleta de nuestro corazón llevaremos tu presencia, la bondad, la misericordia, el amor, la fraternidad y la solidaridad. Permítenos llevar aquello que tú sabrás decirnos a cada uno que hemos de llevar. Que hoy dependamos únicamente de ti. Confiamos, creemos y esperamos solamente en ti y en tu presencia. Amén.
La vida es bella cuando sabemos servir y amar desde y con el Corazón. Hoy sea un día para animar y sonreír. Un muy feliz y vocacional miércoles de testimonio.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Cuando envía a los setenta y dos discípulos, Jesús les da instrucciones precisas que expresan las características de la misión. Estos imperativos muestran que la misión se basa en la oración; que es itinerante: no está quieta, es itinerante; que requiere desapego y pobreza; que trae paz y sanación, signos de la cercanía del Reino de Dios; que no es proselitismo sino anuncio y testimonio; y que también requiere la franqueza y la libertad para irse, evidenciando la responsabilidad de haber rechazado el mensaje de salvación, pero sin condenas ni maldiciones. Si se vive en estos términos, la misión de la Iglesia se caracterizará por la alegría. ¿Y cómo termina este paso? «Regresaron los setenta y dos alegres» (v. 17). No se trata de una alegría efímera que viene del éxito de la misión; por el contrario, es un gozo arraigado en la promesa de que ―dice Jesús― «vuestros nombres están escritos en el cielo» (v. 20). Con esta expresión, él se refiere a la alegría interior, la alegría indestructible que proviene de la conciencia de ser llamados por Dios a seguir a su Hijo. Es decir, la alegría de ser sus discípulos. (Ángelus, 7 julio 2019)
