Un nuevo día, un nuevo amanecer, nuevas ilusiones, nuevas esperanzas, son las que nos regalas. Gracias, Señor, al iniciar esta corta semana, porque nos colocamos en tus manos y te pedimos que seas nuestro guía, nuestra luz y nuestra compañía. Hoy nos invitas a tener mismos sentimientos tuyos, de modo que podamos cumplir la voluntad del Padre y escuchar agradablemente tu palabra; nos invitas a tener sentimientos de desprendimiento para dar frutos de amor: «¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos? (…) Cualquiera que haga la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».
Para dar fruto debemos conocer a fondo tu vida, asumir que Tú eres nuestro hermano mayor y reconocernos como discípulos tuyos, y como tales dejarnos guiar por el Espíritu que nos fortalece y nos da fuerzas y energía para vivir en el camino que nos ofreces y ser tus testigos. Permite que vayamos a dar frutos de amor.
No nos desanimaremos, sino que viviremos dando verdadero testimonio de alegría de felicidad de entrega mutua y de amor constante. Líbranos de nuestras iniquidades, nuestros egoísmos y nuestra pereza. Ahora, Señor, iniciaremos nuestras labores y lo haremos llenos de esperanza y deseos de servicio generoso.
Muy feliz y paciente martes.
Oración de la mañana a la Virgen María (padre José Kentenich)
“¡Oh, Señora mía!, ¡oh, Madre mía!, yo me entrego completamente a Ti y, en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón; en una palabra, todo mi ser, ya que soy todo tuyo. ¡Oh, Madre de bondad!, guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén”.
