Bendito eres, Señor, que nos colmas de fe y esperanza para darte gracias en todo momento de nuestra vida. Hoy recordamos con cariño a nuestros ángeles que tú has llamado a tu lado y que desde el cielo interceden por nosotros.
Ni muerte ni vida, nada que existe ni nada todavía por venir, ni cosa alguna puede nunca interponerse entre nosotros y el amor de Dios.
La muerte permanecerá siempre como un misterio y un sufrimiento. Pero tú, Señor, nos enseñas que vivamos en fe y esperanza. Si tuviéramos suficiente fe, soportaríamos la muerte sin miedo y la acogeríamos como un regreso a la casa del Padre. En nuestra fe no podemos dudar que en la muerte el Padre celestial no abandonará a sus hijos que somos obra de sus manos, hechos a su imagen y semejanza, y que tú moriste y resucitaste de entre los muertos.
Hoy Señor, tenemos la seguridad y la fe puesta en ti en tus palabras que nos dicen “no se inquiete vuestro corazón creed en Dios y creed también en mí, porque en la casa de mi padre hay muchas habitaciones”. Con esas palabras tú no llenas de seguridad y sobre todo de confianza para saber que la muerte sólo es un paso necesario para llegar a la plena felicidad en la vida eterna. Hoy queremos recordar con cariño a todos nuestros seres queridos, a nuestros familiares y amigos que tú has ido llamando a tu lado para que estén contigo, para que compartan la plena felicidad y la alegría que se debe experimentar en el reino de los cielos.
Gracias, Señor, por llenar nuestros corazones de esa esperanza y saber que la vida no termina sino que se transforma y que al deshacerse nuestra morada terrenal adquirimos esa mansión en el reino de los cielos; que hoy podamos sentir en nuestro corazón tu consuelo, tu esperanza, y que nuestros hermanos a los que tú has llamado a tu lado vivan la plena felicidad en ese cielo nuevo y esas tierras nueva de los que nos habla hoy san Juan y esto sea para nosotros también una realidad de esperar la vida futura: lo viejo pasa lo nuevo viene. Que tú sigas concediendo a nuestros hermanos estar gozando de tu presencia en el reino de la justicia de la paz y del amor donde ya no hay llanto ni desesperanza ni tristeza sino sólo la alegría de saber que te contemplan eternamente y que nosotros vivamos haciendo el bien en esperanza y con mucha fe. Amén.
Feliz jueves y recordando con cariño a nuestros hermanos, nuestros seres queridos. Concédeles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.
Pensamientos para el Evangelio de hoy
* «¿Por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos» (san Juan Crisóstomo).
* «¡Seremos finalmente revestidos de la alegría, de la paz y del amor de Dios en modo completo, sin ningún límite, y estaremos cara a cara con Él! ¡Es bello pensar esto! Pensar en el cielo es bello. ¡Da fuerza al alma!» (Francisco).
