Sonriamos a la vida en este nuevo amanecer que el Señor nos regala porque nos ama. Él nos bendice y hace que todo cuanto vayamos a realizar de palabra y de obra cuente con su ayuda. Iniciemos con mucho optimismo y alegría este día y esta semana, siendo generosos en el tiempo y el servicio a nuestros hermanos.
Señor, tú eres bondadoso y compasivo; tú alzaste a los enfermos a una vida plena, curándolos de sus enfermedades. Tómanos a nosotros también de la mano, tócanos y restáuranos a una vida más plena. Toca nuestra mente, para que seamos más humildes y míranos con tus ojos compasivos. Toca nuestro corazón, para que sepamos amar más y servir mejor a nuestros hermanos; ayúdanos a levantarlos de sus desalientos y así nuestras palabras sean esperanzadoras. Danos, Señor, la capacidad de tocarlos con cariño, tomarlos de la mano, librarlos de su aislamiento y levantarlos de su tristeza y desesperación. Permítenos que, para realizarlo, contemos con tu bendición. Infunde tu Espíritu en nuestros corazones para que sepamos pedirte lo que nos conviene y danos siempre la fe, la esperanza y el amor para comprender tu palabra y mantenernos siempre como fieles discípulos tuyos. No permitas que nuestra oración sea a medias y danos la ocasión de poder realizar tu voluntad y la voluntad del Padre Celestial. Amén.
Con mucha fe y optimismo dispongamos nuestros corazones para iniciar nuestra cuaresma, haciendo que nuestro camino sea en sentimientos de fraternidad y solidaridad. Amén.
Feliz y fructífero lunes e inicio de semana.
Reflexión
Cuando Jesús liberó al muchacho estaba como un cadáver. Tanto que muchos lo creyeron muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y lo puso en pie. Finalmente, el niño se curó y pudo volver a casa con su familia. Todo el desorden, toda la discusión, terminó en un gesto: Jesús se inclinó y tomó al niño de la mano. Estos gestos de Jesús nos hacen pensar. De hecho, cuando Jesús cura, cuando va entre la gente y cura a una persona, nunca la deja sola... No es un mago, un brujo o un curandero que va y cura y luego sigue su camino. Al contrario, primero hace que cada uno vuelva a su sitio, no deja a nadie solo en el camino... Jesús siempre nos hace volver a casa, nunca nos deja solos en el camino (papa Francisco).
