Hoy amanecemos a la realidad de iniciar nuestras actividades cotidianas. Nos levantamos en tu nombre y comenzaremos echando las redes en el inmenso mar de nuestras ilusiones, con el anhelo de pescar satisfacciones y alegrías. Hoy en tu palabra nos invitas a ser perfectos como el Padre celestial y saber, Señor, que la perfección la tenemos que buscar sirviendo sin esperar recompensa, amando desde el corazón y viviendo alegremente nuestra vida sin pesimismos ni egoísmos. Que todo lo que podamos entregar sean sentimientos de disponibilidad y generosidad, sin predilecciones, sin buscar más recompensa que la tuya. Gracias te damos por nuestros talentos. Bendícelos y multiplícalos. Amén.
Feliz martes, vivido generosamente en alegría y optimismo. Que nada ni nadie nos lo vaya a obstaculizar.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. Esta es la novedad cristiana. Es la diferencia cristiana. Rezar y amar: esto es lo que debemos hacer; y no sólo por los que nos aman, por los amigos, por nuestra gente. Porque el amor de Jesús no conoce límites ni barreras. El Señor nos pide la valentía de un amor sin cálculos. Porque la medida de Jesús es el amor sin medida. (…) Amad a vuestros enemigos. Hoy nos haría bien, durante y después de la Misa, repetirnos a nosotros mismos estas palabras y aplicarlas a las personas que nos tratan mal, que nos molestan, que nos cuesta aceptar, que nos quitan la serenidad. Amad a vuestros enemigos. Nos haría bien preguntarnos también: “¿Qué me preocupa en la vida: mis enemigos, quien me aborrece, o amar?”. No te preocupes de la maldad de los demás, o del que piensa mal de ti. En cambio, comienza a transformar tu corazón por amor a Jesús. Porque quien ama a Dios no tiene enemigos en el corazón. El culto a Dios es lo opuesto a la cultura del odio. Y la cultura del odio se combate enfrentando el culto a la lamentación. ¡Cuántas veces nos quejamos por lo que no recibimos, por lo que está mal! Jesús sabe que muchas cosas están mal, que siempre habrá alguien que no nos quiera, e incluso alguien que nos perseguirá. Pero nos pide sólo que recemos y amemos. (Homilía, Bari, 23 de febrero de 2020)
