Qué grato terminar esta semana, dándote gracias. Realizamos tus obras, cumplimos la voluntad del Padre celestial y hemos realizado las labores de nuestro diario vivir. Qué bueno tener satisfacciones por el trabajo realizado y los servicios que desinteresadamente hemos podido dar a nuestros hermanos en esta semana que vamos culminando.
Ahora elevamos nuestra suplica y acción de gracias: Señor, a veces nos cansamos de orar quizás porque la oración nos recuerda que no somos autosuficientes y no tenemos la paciencia suficiente para esperar a que bondadosamente nos respondas. Te suplicamos que nos ayudes a ser pacientes porque, a pesar de nuestras dificultades, nada hay imposible para ti. Ayúdanos a pedirte no tanto que nos concedas las cosas que pensamos necesitar, sino que nos enseñes a darnos a nosotros mismos a ti y a los otros, como lo hiciste y sigues haciéndolo con nosotros. Ayúdanos a reservar tiempo para ti cuando no nos sea fácil orar, para que te escuchemos cuando nos hablas en tu palabra, en la gente y en los acontecimientos de nuestro diario vivir, que interpretan y detallan para nosotros tu amorosa voluntad; pero, de una manera especial, para escucharte a ti que eres Palabra viva y encarnada entre nosotros. En este final de semana concédenos la gracia de recuperar fuerzas y, ante todo, que al celebrar nuestro descanso lo hagamos compartiendo con las personas que amamos especialmente en nuestras familias. Gracias porque llenos de fe y confianza cumpliremos lo que tú esperas: «Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo concederá». Amén.
Muy feliz y santo fin de semana.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Jesús no sólo quiere que recemos como Él reza, sino que nos asegura que, aunque nuestros tentativos de oración sean completamente vanos e ineficaces, siempre podemos contar con su oración. Debemos ser conscientes: Jesús reza por mí. Una vez, un buen obispo me contó que en un momento muy malo de su vida y de una gran prueba, un momento de oscuridad, miró a lo alto de la basílica y vio escrita esta frase: “Yo, Pedro, rezaré por ti”. Y eso le dio fuerza y consuelo. Y esto sucede cada vez que cada uno de nosotros sabe que Jesús reza por él. Jesús reza por nosotros. Ahora mismo, en este momento. Haced este ejercicio de memoria repitiéndolo. Cuando hay alguna dificultad, cuando estáis en la órbita de las distracciones: Jesús está rezando por mí. Pero, padre ¿eso es verdad? Es verdad, lo dijo Él mismo. No olvidemos que lo que nos sostiene a cada uno de nosotros en la vida es la oración de Jesús por cada uno de nosotros, con nombre, apellido, ante el Padre, enseñándole las heridas que son el precio de nuestra salvación. (…) Sostenidas por la oración de Jesús, nuestras tímidas oraciones se apoyan en alas de águila y suben al cielo. (Audiencia general, 2 junio 2021)
