Buen y cotidiano día nos das. Damos gracias por tu amor y nos ponemos en tus manos para confiar en ti. Danos tu paz y tu gozo, bendícenos y guíanos para que seamos agradecidos por todo lo que nos concederás en este día.
Ayúdanos a tener la fe de Abraham, un hombre que sabía escuchar y por ello pudo discernir que lo que estaba percibiendo era la voz de Dios; un hombre humilde que pudo obedecer, contando solamente con la fuerza de una promesa; y un hombre fiel que mantuvo su “sí” hasta el final, cuando Dios le pedía que sacrificara al hijo de la promesa. Como él queremos amarte sobre todas las cosas, porque sabemos que tú nos amas tal como somos, incluso cuando ves nuestras faltas y defectos. Tú te olvidas del mal que hacemos y nos consideras suficientemente buenos como para darnos el mejor regalo: tu amor y tu presencia. Acepta nuestra sincera acción de gracias cólmanos con tu espíritu de confianza y amor para que nosotros también sepamos confiar en los demás y a amarnos unos a otros.
Hoy nos previenes de lo que podría alejarnos de ti: la levadura de la hipocresía, la falsedad de vivir de apariencias y la mentira. Danos la valentía de tu amor para que no tengamos miedo ante las adversidades, ni nos desanimemos y al contrario con fe y esperanza podamos proclamar tu palabra a todo momento.
Confiando plenamente en el Señor, terminemos nuestra oración con el salmo 37: Confía en el Señor, y haz el bien; habita en la tierra, y cultiva la fidelidad. Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón. Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, que Él actuará; hará resplandecer tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Confía callado en el Señor y espérale con paciencia; no te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas. Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo. Confía en Señor y haz el bien.
Bendecido viernes. “¡NO TENGAN MIEDO!” Todo será descubierto.
Pensamientos para el Evangelio de hoy
* «No temáis a ningún enemigo exterior: véncete a ti mismo y el mundo está vencido» (san Agustín).
* «La coherencia en la vida, entre la fe y el testimonio. ¡Éste es un cristiano, no tanto por lo que dice, sino por lo que hace! Esta coherencia que nos da vida es una gracia del Espíritu Santo que debemos pedir» (Francisco).
