Bello despertar y lindo amanecer, en este día dedicado a ti. Por la semana compartida y vivida, te damos gracias; momentos de satisfacción y momentos difíciles pero de los que hemos salido adelante; gracias por tu presencia en medio de nosotros que nos asegura un nuevo día para vivirlo llenos de alegría y optimismo.
Hoy celebramos la solemnidad de tu Ascensión a los cielos. Porque regresas a la gloria del Padre. Al partir, nos aseguras que te quedas con nosotros. Éstas son tus últimas palabras en el evangelio de Mateo. Tu partida a los cielos no es realmente una despedida. Te quedas ahora con nosotros, pero de otra manera: por medio de tu Espíritu, en los signos de pan y vino en la eucaristía; dondequiera que la gente se reúna en tu nombre, también en los pobres y débiles. Nuestra oración hoy es: ¡Quédate con nosotros, Señor!; en nuestras dificultades, quédate; en nuestras necesidades, quédate; en nuestras familias; en nuestros hogares, en nuestros hermanos que están en soledad y tristeza y también en los que te damos gracias por la vida, en los llenos de felicidad, de esperanza y confianza, en los optimistas, en los que llevamos tu presencia, quédate con nosotros!
Te queremos pedir que no nos quedemos encandilados mirando al cielo, sino que, por la forma como vivimos tu palabra, proclamemos tu mensaje de esperanza. Danos la fortaleza para que llevemos tu presencia. Que continúes haciendo el bien por medio de nosotros, y que nosotros te hagamos visible hoy con nuestras obras y buenas acciones y que tu permanezcas con nosotros por medio de tu Espíritu, ahora y hasta el fin de los tiempos. Amén.
Con esperanza viva y firme, vivamos este día en unidad y felicidad. Nuestra mirada al cielo sea de momento, para que desde ya seamos verdaderos discípulos que vayamos proclamando: “Él volverá como lo habéis visto marcharse al cielo”. Feliz Domingo compartido en generosidad y armonía.
«YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DEL MUNDO».
PALABRAS DEL SANTO PADRE
«Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 20). Estas últimas palabras del Evangelio de Mateo hacen referencia al anuncio profético que encontramos al principio: «Y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros» (Mateo 1, 23; cf Isaías 7, 14). Dios estará con nosotros, todos los días, hasta el final del mundo. Jesús caminará con nosotros, todos los días, hasta el final del mundo. Todo el Evangelio está contenido entre estas dos citas, palabras que comunican el misterio de Dios cuyo nombre, cuya identidad es estar-con: no es un Dios aislado, es un Dios-con, en particular con nosotros, es decir con la criatura humana. Nuestro Dios no es un Dios ausente, secuestrado por un cielo muy alejado; es, en cambio, un Dios “apasionado” del hombre, tan tiernamente amante como para ser incapaz de separarse de él. Nosotros humanos somos hábiles en el cortar uniones y puentes. Él, sin embargo, no. Si nuestro corazón se enfría, el suyo permanece siempre incandescente. Nuestro Dios nos acompaña siempre… (Audiencia general, 26 abril 2017)
