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21-oct.-2023, sábado de la 28.ª semana del Tiempo Ordinario 

Danos palabras de sabiduría y esperanza para que no seamos nosotros, sino tú mismo quien hables en nosotros

En este nuevo día que nos regalas, Señor, levantamos una mirada al cielo y contemplamos las obras de tu amor. Gracias porque en este día terminamos prácticamente una semana que hemos vivido, que hemos compartido y en la que hemos podido realizar nuestros anhelos y esperanzas. Gracias, Señor, porque ahora nos invitas al descanso de este fin de semana y esperamos poder compartirlo en familia, con sentimientos de gratitud hacia ti y sentimientos de unidad con nuestras familias. Ahora te pedimos que recibas nuestra reflexión de este día en que nos invitas a seguir confiando en ti.

Fe no es solamente una creencia en ciertos dogmas y verdades, sino mucho más: es confianza en una persona. Creemos en Dios. Creemos en Ti. Creemos en el Espíritu Santo. Confiamos en Dios, nos fiamos de él, y nos entregamos confiadamente a él. Danos palabras de sabiduría y esperanza para que no seamos nosotros, sino tú mismo quien hables en nosotros. Queremos anunciar tu amor y misericordia, la generosidad de tu bondad y la abundancia de tus dones, como lo hizo santa Laura Montoya, maestra de misión en América, servidora de la verdad y de la luz del evangelio.

Bendícenos, guíanos y protégenos y que tu bendición nos acompañe. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Feliz, descansado y santificado sábado.

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Sin la presencia y la acción incesante del Espíritu Santo, la Iglesia no podría vivir y no podría realizar la tarea que Jesús resucitado le confió de ir y hacer discípulos a todos los pueblos (cf. Mt 28, 19). Evangelizar es la misión de la Iglesia, no sólo de algunos, sino la mía, la tuya, nuestra misión. El apóstol Pablo exclamaba: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9, 16). Cada uno debe ser evangelizador, sobre todo con la vida. Pablo VI subrayaba que «evangelizar... es la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14). ¿Quién es el verdadero motor de la evangelización en nuestra vida y en la Iglesia? Pablo VI escribía con claridad: «Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado» (ibid., 75). Para evangelizar, entonces, es necesario una vez más abrirse al horizonte del Espíritu de Dios, sin tener miedo de lo que nos pida y dónde nos guíe. ¡Encomendémonos a Él! Él nos hará capaces de vivir y testimoniar nuestra fe, e iluminará el corazón de quien encontremos. (Audiencia General, 22 mayo 2013)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.