Bendito y agradable amanecer el que iniciamos hoy para despertar y contemplar las maravillas de tu amor y nuestro compromiso de hacer crecer el Reino.
Señor, en este día guíanos por la senda de tus mandatos para que nuestra alegría sea completa, para que todo lo que podamos realizar hacia nuestros hermanos sean para alegrar tu corazón. Que seamos obedientes a tu palabra y dóciles al mandato que tú nos das de amar a nuestros hermanos y servir generosamente al que lo necesite; al igual que exaltaste a María por escuchar la Palabra y ponerla en práctica, a nosotros nos digas que somos tu verdadera familia por meditar y hacerla vida en nuestras vidas y servicio a nuestros hermanos.
Queremos buscarte y encontrarte para decirte cuánto te amamos y cuánto necesitamos de ti. Ayúdanos para que nuestro ánimo y entusiasmo de este día no termine, sino que crezca cada vez más. Amén
Un muy bonito y esperanzador martes aprovechado para abrir los oídos del corazón, escuchar la Palabra y cumplir la voluntad del Padre celestial.
Palabra del Papa
¿Qué ha traído Jesús? […] Ha traído la universalidad, que es la grande y característica promesa para Israel y para el mundo. La universalidad, la fe en el único Dios de Abraham, Isaac y Jacob, acogida en la nueva familia de Jesús que se expande por todos los pueblos superando los lazos carnales de la descendencia: éste es el fruto de la obra de Jesús. Esto es lo que le acredita como el “Mesías” y da a la promesa mesiánica una explicación, que se fundamenta en Moisés y los profetas, pero que da también a éstos una apertura completamente nueva. El vehículo de esta universalización es la nueva familia, cuya única condición previa es la comunión con Jesús, la comunión en la voluntad de Dios. Pues el Yo de Jesús no es un ego caprichoso que gira en torno a sí mismo. «El que cumple la voluntad de mi padre, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, primera parte, p. 52).
