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21-sep.-lunes de la 25.ª semana del T. O.

«El que cumple la voluntad de mi padre, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre»

Bendito y agradable amanecer el que iniciamos hoy para despertar y contemplar las maravillas de tu amor y nuestro compromiso de hacer crecer el Reino. 

Señor, en este día guíanos por la senda de tus mandatos para que nuestra alegría sea completa, para que todo lo que podamos realizar hacia nuestros hermanos sean para alegrar tu corazón. Que seamos obedientes a tu palabra y dóciles al mandato que tú nos das de amar a nuestros hermanos y servir generosamente al que lo necesite; al igual que exaltaste a María por escuchar la Palabra y ponerla en práctica, a nosotros nos digas que somos tu verdadera familia por meditar y hacerla vida en nuestras vidas y servicio a nuestros hermanos. 

Queremos buscarte y encontrarte para decirte cuánto te amamos y cuánto necesitamos de ti. Ayúdanos para que nuestro ánimo y entusiasmo de este día no termine, sino que crezca cada vez más. Amén 

Un muy bonito y esperanzador martes aprovechado para abrir los oídos del corazón, escuchar la Palabra y cumplir la voluntad del Padre celestial. 

Palabra del Papa

¿Qué ha traído Jesús? […] Ha traído la universalidad, que es la grande y característica promesa para Israel y para el mundo. La universalidad, la fe en el único Dios de Abraham, Isaac y Jacob, acogida en la nueva familia de Jesús que se expande por todos los pueblos superando los lazos carnales de la descendencia: éste es el fruto de la obra de Jesús. Esto es lo que le acredita como el “Mesías” y da a la promesa mesiánica una explicación, que se fundamenta en Moisés y los profetas, pero que da también a éstos una apertura completamente nueva. El vehículo de esta universalización es la nueva familia, cuya única condición previa es la comunión con Jesús, la comunión en la voluntad de Dios. Pues el Yo de Jesús no es un ego caprichoso que gira en torno a sí mismo. «El que cumple la voluntad de mi padre, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, primera parte, p. 52).

el Yo de Jesús no es un ego caprichoso que gira en torno a sí mismo
ORACIÓN 

Señor, dame a entender el evangelio cuando se me hace difícil, cuando sus palabras me suenan a raras, cuando no las entiendo. Eso me pasa hoy con este evangelio que trata de tu madre. Enséñame a ser humilde y pedirte la gracia de interpretar tu palabra con la ayuda de tu gracia.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-22-de-septiembre-de-2026

El seguimiento de Jesús hay que hacerlo desde la vida y la realidad de la fe. María, su familia, habían acompañado a Jesús en su crecimiento humano; ahora se les está invitando a dar el paso a la dimensión de la fe. Acompañar a Jesús en la tangibilidad de la carne, en cierto modo se hace fácil, pero adentrarse en su dimensión divina se vuelve todo un misterio difícil de asumir. Querer apresar a Jesús dentro de nuestros conceptos es la tentación de cada día, por eso la llamada constante a transcendernos, a vivir los valores del espíritu, a dejar a Dios ser Dios asumiendo con docilidad sus planes (Fuente Catholic.net).

Aparentemente, Jesús no deja en buen lugar a su madre a quien apenas hace caso, pero sólo aparentemente. Según la mentalidad de entonces la madre se reducía a tener hijos y estar en la cocina. Una mujer del pueblo, queriendo hacer un elogio de Jesús, le dice: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron» (Lc 11, 27). Jesús no podía reducir la vida de su madre a la esfera meramente biológica, o a la situación de cualquier mujer de Israel. Jesús tenía un plan mucho más amplio y maravilloso para su madre. Ella sería la «oyente de la Palabra de Dios».  Y, sobre todo, la que cumplía esa palabra. La Madre estaba destinada para llevar adelante la obra de Jesús en la Iglesia. Ella estaba destinada a ser la madre de esa Iglesia, el modelo perfecto, el mejor icono, su boceto más acabado. Y siempre que la Iglesia quiere renovarse, rejuvenecerse, ponerse al día según las circunstancias de cada época, debe mirar a María y fijarse en ella.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.