“Soy yo, no temáis”: palabras esperanzadoras que nos llenan de confianza en Ti. Tú, el Resucitado, nos das la oportunidad de levantarnos, sonreír y experimentar un nuevo día lleno de bendiciones y deseos de hacer las cosas según la voluntad del Padre celestial y tu propia voluntad.
Al iniciar un nuevo día, sólo tenemos motivos de agradecimiento porque los vientos huracanados, las tormentas y tempestades que tocan nuestro diario vivir, son solo momentos de obstáculos, de incertidumbres y desesperanzas, pero que sabemos no son eternos, sino momentos que se presentan pero hemos de saber enfrentar esas situaciones porque confiamos y esperamos en Ti. “Soy yo, no temáis”. Estas palabras tranquilizan nuestros corazones en circunstancias adversas y que hacen que caigamos en desilusiones y decepciones que parecieran más fuertes que nuestra fortaleza; sabemos que después de la tormenta viene la calma, que nos da la posibilidad de tener la fe y la confianza suficientes para ponernos en tus Manos: “Vengan a mí, los cansados y agobiados, que yo los aliviaré”. Gracias, Señor, porque en ti confiamos y en ti esperamos. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén.
María Santísima nos proteja en su Santo Regazo y nos cubra con su Manto Sagrado.
Un tranquilo y descansado fin de semana.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
El Evangelio de hoy nos recuerda que la fe en el Señor y en su palabra no nos abre un camino donde todo sea fácil y tranquilo; no nos aleja de las tormentas de la vida. La fe nos da la seguridad de una Presencia, la presencia de Jesús que nos empuja a superar las tormentas existenciales, la certeza de una mano que nos agarra para ayudarnos a enfrentar las dificultades, mostrándonos el camino aun cuando está oscuro. En resumen, la fe no es un escape de los problemas de la vida, sino que nos sostiene en el camino y le da sentido. Este episodio es una imagen estupenda de la realidad de la Iglesia de todos los tiempos: una barca que, en su camino, también tiene que hacer frente a vientos en contra y tempestades que amenazan con arrollarla. Lo que la salva no es el coraje y las cualidades de sus hombres: la garantía contra el naufragio es la fe en Cristo y en su palabra. (Ángelus, 13 de agosto de 2017)
