Al despertar me saciaré de tu presencia, Señor. Gracias por este nuevo día, porque al abrir los ojos vamos contemplando cómo va clareando y se van disipando las tinieblas. Es tu invitación a iniciar nuestras labores y hacerlo con alegría y con muchos deseos de hacer el bien. Hoy con tu palabra nos regalas un ejemplo de que todos somos especiales para ti y que lo débil para ti es fortaleza.
Contemplar méritos de estas mujeres para entrar a formar parte de la comunidad de discípulos es desconcertante. No te fijaste en sus cualidades especiales ni en títulos personales. Lo que estas mujeres tenían en común es que "habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades". Son mujeres que se sienten curadas por ti y te responden entregando sus personas, sus bienes y "ahora te acompañan por el camino".
Gracias, Señor, porque nos has curado de tantas situaciones y de tantos demonios que nos habían alejado de ti en tantos momentos de nuestras vidas. Ahora nos sentimos tan cercanos a ti que no queremos retirarnos de tu lado. Permítenos seguir unidos a ti a lo largo del camino, para ayudarte en nuestros hermanos, para escuchar tu palabra, pero ante todo gozar de tu presencia. Lo que más anhelamos y te pedimos es que nos apartemos de la codicia y de todo obstáculo negativo, y que podamos servir en alegría, bondad y paciencia, para que no sean obras nuestras sino tus propias obras las que realizamos en nuestros hermanos. Gracias por lo vivido y lo que viviremos durante este viernes. Bendecidos en tu amor y misericordia te damos gracias. Amén.
Bendícenos, guárdanos y protégenos en tu bondad y misericordia.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Quisiera subrayar tres aspectos del cuidado como contribución de las mujeres a una mayor inclusión, a un mayor respeto por los demás y a afrontar de forma nueva desafíos nuevos. En primer lugar, para una mayor inclusión. (…) Muchas veces he recordado con fuerza que la diversidad no debe nunca conducir a la desigualdad, sino más bien a una agradecida y recíproca acogida. (…) Nadie debe ser excluido: este es un principio sagrado. De hecho, el proyecto de Dios Creador es un proyecto «esencialmente inclusivo» —siempre—, (…) Segunda aportación: para un mayor respeto del otro. Cada persona debe ser respetada en su dignidad y en sus derechos fundamentales (…) Esto vale de forma particular para las mujeres, más fácilmente sujetas a violencias y abusos. (…) Y vamos al último punto: afrontar de modo nuevo desafíos nuevos. La creatividad. La especificidad insustituible de la contribución femenina al bien común es innegable. (…) La heroicidad de las mujeres. Más allá de los estereotipos de un cierto estilo hagiográfico, son personas impresionantes por su determinación, valentía, fidelidad, capacidad de sufrir y transmitir alegría, honestidad, humildad, tenacidad. (Discurso a los participantes en un encuentro organizado por la Strategic Alliance of Catholic Research Universities SACRU y la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice 11 de marzo de 2023)
