Última semana de nuestra mitad de año, último día laboral de la semana y paradójicamente un nuevo comienzo de día, de labores, de amar y hacer el bien. Vendrán nuestros pensamientos positivos y palabras alentadoras para cumplir tu voluntad.
Hoy, nuevamente tu palabra es un llamado de atención hecho con cariño. Reflexionemos y pensemos que tienes razón con todo lo que nos regalas por tu bondad y gratuidad. Vivimos como si hubiésemos venido al mundo para amontonar riquezas y no tenemos en la cabeza ningún otro pensamiento. Ganar dinero, comprar, disponer, tener. Queremos despertar la admiración de los otros o tal vez la envidia. Nos engañamos, sufrimos, nos cargamos de preocupaciones y de disgustos y no encontramos la felicidad que deseamos. Tú nos haces otra propuesta: «Amontonad más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben». El cielo es el granero de las buenas acciones, esto sí que es un tesoro para siempre.
Ayúdanos, Señor, a atesorar nuestras obras de caridad, nuestra solidaridad y fraternidad en nuestros corazones, porque allí tenemos la seguridad de que ni la herrumbre, ni la polilla del egoísmo, o de la indiferencia se llevarán lo que con tanto amor guardamos. Gracias por lo vivido y recibido. Amén.
Un muy feliz viernes ahorrativo en buenas obras y acciones. ATESORAD PARA EL CIELO.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
«Al final estas riquezas no dan la seguridad para siempre. Más aún, echan por los suelos tu dignidad». Y esto también vale «en familia»: tantas familias se separan … «Incluso en la raíz de las guerras existe esta ambición que destruye, corrompe», observó el Papa. En efecto, «en este mundo, en este momento, hay muchas guerras por la avidez de poder, de riquezas». Pero «se puede pensar en la guerra en nuestro corazón: “Evitad toda clase de codicia”, dice el Señor». Porque «la codicia va adelante, va adelante, va adelante: es un escalón, abre la puerta, después viene la vanidad —creerse importante, creerse potente— y, al final, el orgullo». Y «de ahí todos los vicios, todos: son escalones, pero el primero es la codicia, el deseo de amontar riquezas».(…) «es difícil, es como jugar con el fuego», añadió el Pontífice. Por este motivo «muchos tranquilizan su propia conciencia con la limosna y dan lo que les sobra». Pero «este no es el administrador: el administrador toma lo que sobra y da a los demás, como servicio, todo». En efecto, «administrar la riqueza es despojarse continuamente del propio interés y no pensar que estas riquezas nos darán la salvación». Por lo tanto, «amontar está bien, incluso tesoros, pero los que tienen valor —por decirlo así— en la «bolsa del cielo»: ¡allí, amontonar allí!». (Santa Marta, 19 junio 2015)
