Este es el día, es la mañana apropiada para iniciar felizmente nuestro camino, ya que es el mejor regalo de Dios: la vida. Ahora iniciemos con mucho optimismo y esperanza nuestras actividades y pidamos que no vayamos a ser obstáculo para los demás, que no tengamos actitudes o palabras que vayan a ofender o a desilusionar a los demás; por el contrario, todo lo que hagamos sea en alegría y toda palabra sea de fe y esperanza. Contagiemos a nuestros hermanos de alegría y optimismo a todas las personas con las que compartamos durante esta corta semana.
Ahora, regalémonos unos minutitos para nuestra reflexión:
Señor, cumpliste la misión que te había encomendado el Padre, sin miedo y con toda fidelidad. Danos un poco de tu sentido de misión y la fuerza del Espíritu para proclamar tu palabra tal cual es —viva y exigente—, sin ceder a los sentimientos caprichosos. Que nuestras vidas sean como un libro abierto en el que la gente pueda leer tu palabra encarnada en nosotros.
Haznos conscientes de todo lo que nos has dado para que seamos testigos y sirvamos a la gente que nos rodea, para que les demos a conocer tu nombre. Permite que nos inspiremos en las palabras de este día que tú diriges al Padre. Ellas sean para nosotros la fuente de inspiración en la cual te glorificas y nos glorificas a cada uno de nosotros como hermanos tuyos e hijos de Dios. Que hoy tengamos un profundo sentido de misión. Danos el valor para aceptar el compromiso de ser responsables de nuestros hermanos.
Como tú y como Pablo, ojalá podamos decir con gratitud que estamos llevando a cabo nuestra tarea en la vida: la misión que el Padre nos encomendó. Gracias, Señor, por tu oración y por pensar el bien para nosotros. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos; te damos gracias.
Vayamos y seamos glorificados en tu amor y bondad y que El Padre Celestial nos guarde y proteja preservándonos de todo mal.
Feliz y esperanzador martes para todos.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
“Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti ―y luego― con la gloria que tenía a tu lado antes de que el mundo fuese”» (Jn 17, 1.5). Jesús pide la gloria, una petición que parece paradójica mientras la Pasión está a las puertas. ¿De qué gloria se trata? La gloria, en la Biblia, indica la revelación de Dios, es el signo distintivo de su presencia salvadora entre los hombres. Ahora bien, Jesús es Aquel que manifiesta de forma definitiva la presencia y la salvación de Dios, y lo hace en Pascua: levantado en la cruz, es glorificado (cf. Jn 12, 23-33). Allí, Dios finalmente revela su gloria: quita el último velo y nos sorprende como nunca antes. Descubrimos, en efecto, que la gloria de Dios es todo amor: amor puro, loco e impensable, más allá de cualquier límite y medida. (Audiencia General, 17 abril 2019)
