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23-sep.-2023, sábado de la 24.ª semana del Tiempo Ordinario

Que tu palabra se arraigue cada vez más en nuestros corazones y dé frutos de justicia y amor, de servicio y entrega

Un muy buen fin de semana que comienza para cada uno de nosotros y esperando que los podamos vivir alegremente pensando en lo recorrido de la semana y las satisfacciones y alegrías que pudimos compartir.

Señor, te damos gracias por sembrar en nuestras mentes y corazones las semillas de la fe. Abre nuestros oídos a la semilla de tu palabra, para que vaya creciendo en nosotros con mezcla de dolor, esfuerzo y alegría. Que tu palabra se arraigue cada vez más en nuestros corazones y dé frutos de justicia y amor, de servicio y entrega. Acepta nuestro anhelo de recibirte y escuchar tu palabra con corazón noble y generoso. Permítenos tenerte como nuestro compañero de camino para que sigas hablándonos en nuestros hermanos y en los acontecimientos de la vida. Y que ojalá te acojamos gozosamente y ante todo, como consecuencia de tu bondad y misericordia, demos una abundante cosecha de frutos de vida.

Gracias, Señor, por nuestro descanso y por caminar a nuestro lado. Gracias por permitirnos ser tierra abonada en fe y esperanza y sobre todo con seguridad de dar cosecha abundante. Que san Pío de Pietrelcina, quien supo cosechar abundantemente en frutos de caridad, nos ayude a ser generosos a ejemplo de nuestra Madre Celestial para que ella sea nuestro auxilio y compañía. Amén.

Nuestro fin de semana sea un buen momento para reparar nuestras fuerzas con mucho optimismo, alegría y deseos de servicio. Muchas bendiciones.

"MI PASADO, SEÑOR, LO CONFÍO A TU MISERICORDIA, MI PRESENTE A TU AMOR Y MI FUTURO A TU PROVIDENCIA" (San Pío de Pietrelcina)

PALABRAS DEL SANTO PADRE

La parábola del sembrador es un poco la “madre” de todas las parábolas, porque habla de la escucha de la Palabra. Nos recuerda que la Palabra de Dios es una semilla que en sí misma es fecunda y eficaz; y Dios la esparce por todos lados con generosidad, sin importar el desperdicio. ¡Así es el corazón de Dios! Cada uno de nosotros es un terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra, ¡sin excluir a nadie! La Palabra es dada a cada uno de nosotros. Podemos preguntarnos: yo, ¿qué tipo de terreno soy? ¿Me parezco al camino, al pedregal, al arbusto? Pero, si queremos, podemos convertirnos en terreno bueno, labrado y cultivado con cuidado, para hacer madurar la semilla de la Palabra. Está ya presente en nuestro corazón, pero hacerla fructificar depende de nosotros, depende de la acogida que reservamos a esta semilla. A menudo estamos distraídos por demasiados intereses, por demasiados reclamos, y es difícil distinguir, entre tantas voces y tantas palabras, la del Señor, la única que hace libre. Por esto es importante acostumbrarse a escuchar la Palabra de Dios, a leerla. Y vuelvo, una vez más, a ese consejo: llevad siempre con vosotros un pequeño Evangelio, una edición de bolsillo del Evangelio, en el bolsillo, en el bolso… Y así, leed cada día un fragmento, para que estéis acostumbrados a leer la Palabra de Dios, y entender bien cuál es la semilla que Dios te ofrece, y pensar con qué tierra la recibo. (Ángelus, 12 julio 2020)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.