Se disipan las sombras de la noche y los rayos del sol nos anuncian un nuevo día. Gracias, Señor, por este despertar lleno de felicidad, sabiendo que nos regalas un día más de vida para vivirlo y poder proclamar tu amor y tu misericordia. Un día para seguir amando y seguir sirviendo. Ayúdanos a comprender lo que verdaderamente es necesario e importante para nuestra vida: que no es tener nuestros bolsillos o nuestros bolsos llenos de cosas a veces innecesarias y que no vamos a utilizar durante el día; que lo importante es que llevemos nuestro corazón lleno de tu amor, de tu bondad y de tantas cosas buenas para poder proclamar las maravillas de tu amor a nuestros hermanos; que no necesitamos llevar en la bolsa de nuestro corazón más que nuestros sentimientos y ante todo tu presencia. Confiamos en ti, para saber que el reino se anuncia por sí mismo.
El amor no se transmite mediante libros ni mediante escritas reflexiones. El amor se transmite amando, haciendo que aquellos con los que nos encontramos sientan y experimenten tu amor en nuestra forma de proceder. Que hoy tengamos claro que lo esencial de tu mensaje se entrega de persona a persona, en el testimonio de vida, en el servicio desinteresado por el bien de nuestros hermanos. En el libro de Proverbios encontramos esta petición: «No me des pobreza ni riqueza; concédeme solamente el pan necesario». La mayor riqueza será tu amor y tu presencia y el pan necesario las palabras esperanzadoras y optimistas que podamos compartir. Danos tu bendición y tu presencia hoy y siempre. Amén.
Un muy esperanzador y optimista miércoles para todos.
Palabra del Papa
Podríamos concentrarnos en las palabras: “pan”, “dinero”, “alforja”, “bastón”, “sandalias”, “túnica”. Y es lícito. Pero me parece que hay una palabra clave, que podría pasar desapercibida frente a la contundencia de las que acabo de enumerar. Una palabra central en la espiritualidad cristiana, en la experiencia del discipulado: hospitalidad. Jesús como buen maestro, pedagogo, los envía a vivir la hospitalidad. Les dice: «Permanezcan donde les den alojamiento». Los envía a aprender una de las características fundamentales de la comunidad creyente. Podríamos decir que cristiano es aquel que aprendió a hospedar, que aprendió a alojar. Jesús no los envía como poderosos, como dueños, jefes o cargados de leyes, normas; por el contrario, les muestra que el camino del cristiano es simplemente transformar el corazón. El suyo, y ayudar a transformar el de los demás. Aprender a vivir de otra manera, con otra ley, bajo otra norma. Es pasar de la lógica del egoísmo, de la clausura, de la lucha, de la división, de la superioridad, a la lógica de la vida, de la gratuidad, del amor. De la lógica del dominio, del aplastar, manipular, a la lógica del acoger, recibir y cuidar. (Homilía de S.S. Francisco, 12 de julio de 2015).
