En el nuevo amanecer de la vida de cada uno de nosotros expresamos gratitud por tu bondad y tu amor. Hoy permítenos corresponderte amando más, sirviendo más y perdonando más. Al ofrecerte nuestra oración, san Pablo nos recuerda que con tu vida, muerte y resurrección nos has traído la vida en abundancia, la vida divina, la vida de hijos de Dios y la vida de hermanos, la vida eterna y feliz. Tú nos ofreces todos estos regalos de manera amorosa y gratuita. Ayúdanos a aceptar tu generosidad uniéndonos plenamente a ti, a tu persona y tu mensaje para que nuestros pensamientos sean como los tuyos, nuestra manera de amar sea como tú nos amas, nuestros sentimientos sean tus sentimientos y así podamos expresar como Pablo: “Ya no soy yo quien vive eres TÚ quien vive en mí”.
Concédenos ─con tu gracia y tu amor─ la alegría de estar vigilantes, con ojos abiertos para escuchar y responder a las diferentes maneras que tienes de llamar a nuestra puerta, para que “apenas vengas y llames” te abramos y te acojamos en nuestro corazón. Que no vivamos despreocupados y despistados, sino muy atentos, “con la cintura ceñida y encendidas las lámparas” ante las venidas, llamadas, e insinuaciones que continuamente nos haces y —sobre todo— te podamos responder con generosidad y alegría: “Aquí estoy, Señor, para hacer tú voluntad”.
Un muy feliz y esperanzador martes de vigilancia y lámparas encendidas.
Pensamientos para el Evangelio de hoy
* «Dichoso, pues, aquel a cuya puerta llama Cristo. Nuestra puerta es la fe, la cual, si es resistente, defiende toda la casa» (san Ambrosio).
* «Jesús quiere que nuestra existencia sea trabajosa, que nunca bajemos la guardia, para acoger con gratitud y estupor cada nuevo día que Dios nos regala» (Francisco).
* «(…) La vigilancia es “guarda del corazón”, y Jesús pide al Padre que nos guarde en su Nombre. El Espíritu Santo trata de despertarnos continuamente a esta vigilancia (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2849).
