“Busquen al Señor mientras se le encuentra. Invóquenlo cuando todavía está cerca”, dice el profeta Isaías. Por tu día, Señor, te damos gracias; nuestra jornada que no es de labores sino de descanso, nos da la posibilidad de reflexionar con corazón agradecido y disponible para hacer tu voluntad.
En esta mañana tú mismo sales en nuestra búsqueda; no te cansas de llamar y de invitar. Ojalá, Señor, te hagas el encontradizo y permanezcas siempre con nosotros. Este es nuestro deseo y por eso queremos ser aquellos trabajadores en la plaza a los que tú llames a la hora que desees y nos envíes a tu viña. Sabemos que el calor y el peso del trabajo serán pesados pero tú eres nuestro mayor consuelo. Que al caer de la tarde, cuando nos des la recompensa por lo mucho o poco que hemos trabajado, lo recibamos con cariño ya que sabemos de tu generosidad. Perdona si en algún momento llegamos a pensar en que no eres justo y más bien lo hagamos pensando que tus caminos no son nuestros caminos ni tus pensamientos los nuestros. Cuando se nos ocurre pensar en ello, no podemos entender tu bondad extrema. ¿Por qué eres tan paciente con los pecadores? ¿Por qué regalas tus dones a gente que en nuestra opinión, no los merece, o los desperdicia? Pero tus caminos no son nuestros caminos, tus pensamientos no siempre son nuestros pensamientos. Nos colocamos en tus manos para pedirte que nuestros pensamientos y nuestras obras vayan siendo, cada vez más, como tú las quieres y no como nosotros lo pensamos. Tú dices de ti mismo que eres bueno con un amor que sobrepasa incluso a tu sentido de justicia.
Gracias por aceptar tanto a los pequeños como a los grandes; a los que vuelven a ti a última hora como a los que, por tu amoroso llamado, han trabajado duro en tu viña toda la vida. Ábrenos más a los dones gratuitos de tu gracia; haz que los aceptemos con gratitud y que apreciemos cuando das generosamente a otros. Transforma nuestros caminos egoístas en tus caminos de amor, que abramos nuestros corazones a tu bondad y misericordia porque nos darás sin que te pidamos y todo de manera gratuita, das con mayor riqueza de la que nosotros nos atrevemos a esperar. Tanto los primeros como los últimos recibiremos tu amor; tanto el primero como el último estamos invitados a tu mesa. No permitas que estemos mirando cuánto vas a dar al hermano y mucho menos tratarte de injusto. Ojalá, Señor, des generosamente tu amor y tu bondad a quien más en este día necesite de ti y aunque el trabajo sea poco o mucho, lo miremos con corazón agradecido y sabiendo que tu paga será generosa a cada uno de nosotros: tu amor a manos llenas, tu bondad y tu misericordia sobrepasan tu amoroso cariño. En las primeras horas, a media mañana, al mediodía, en la tarde y al caer de la misma, tú sigues llamando y esperando nuestra respuesta; no permitas que te demos una respuesta negativa. Sea nuestro domingo de llamado y respuesta positivas.
Los abrazo y los bendigo.
Feliz domingo.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Con esta parábola, Jesús quiere abrir nuestros corazones a la lógica del amor del Padre, que es gratuito y generoso. Se trata de dejarse asombrar y fascinar por los «pensamientos» y por los «caminos» de Dios que, como recuerda el profeta Isaías no son nuestros pensamientos y no son nuestros caminos (cf Is 55, 8). Los pensamientos humanos están, a menudo, marcados por egoísmos e intereses personales y nuestros caminos estrechos y tortuosos no son comparables a los amplios y rectos caminos del Señor. Él usa la misericordia, perdona ampliamente, está lleno de generosidad y de bondad que vierte sobre cada uno de nosotros, abre a todos los territorios de su amor y de su gracia inconmensurables, que solo pueden dar al corazón humano la plenitud de la alegría. Jesús quiere hacernos contemplar la mirada de aquel jefe: la mirada con la que ve a cada uno de los obreros en espera de trabajo y les llama a ir a su viña. Es una mirada llena de atención, de benevolencia; es una mirada que llama, que invita a levantarse, a ponerse en marcha, porque quiere la vida para cada uno de nosotros, quiere una vida plena, ocupada, salvada del vacío y de la inercia. Dios que no excluye a ninguno y quiere que cada uno alcance su plenitud. (Ángelus, 24 septiembre 2017)
