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25-ago.-2023, viernes de la 20.ª semana del Tiempo Ordinario

«El amor cree sin reservas, espera sin reservas, soporta sin reservas...»

Buen y bendecido despertar nos regala el Señor en este día.

Con corazón agradecido y comienzo optimista y generoso servicio, nos ponemos en tus manos. Tú envías hoy un mensaje de esperanza ante nuestros desánimos y pesimismos. Con tu gracia nos invitas a sacudir nuestra pereza; infunde tu Espíritu de vigor y amor en nosotros para que la esperanza llene nuestros corazones y el amor nos haga caminar optimistas hacia adelante y podamos servir con tus mismos sentimientos de bondad y esperanza. Tú nos invitas a amarnos unos a otros como tú nos amaste. Escribe estas palabras con fuego en nuestros corazones y en nuestras obras para que nunca las olvidemos, sino que por su poder nos renovamos interiormente y marchemos confiados en tu presencia, ya que nos has asegurado que tú estás siempre con nosotros y que renuevas nuestro espíritu con el don de la fortaleza. Concédenos amar con tus mismos sentimientos y que este amor sea como nos dice san Pablo: "el amor cree sin reservas, espera sin reservas, soporta sin reservas...". Hoy vivamos la experiencia del servicio, la entrega y la disponibilidad, amando desde y con el corazón. Que Nuestra Madre la Virgencita nos guarde y auxilie.

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Esta es una de las principales novedades de la enseñanza de Jesús y nos hace entender que no es verdadero amor de Dios el que no se expresa en el amor al prójimo; y, de la misma manera, no es verdadero amor al prójimo el que no se deriva de la relación con Dios. El amor por Dios se expresa sobre todo en la oración, en particular en la adoración. Nosotros descuidamos mucho la adoración a Dios. Hacemos la oración de acción de gracias, la súplica para pedir alguna cosa…, pero descuidamos la adoración. Adorar a Dios es precisamente el núcleo de la oración. Y el amor por el prójimo, que se llama también caridad fraterna, está hecho de cercanía, de escucha, de compartir, de cuidado del otro. Y muchas veces nosotros descuidamos el escuchar al otro porque es aburrido o porque me quita tiempo, o de llevarlo, acompañarlo en sus dolores, en sus pruebas…Escribe el apóstol Juan: «Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve» (1 Jn 4, 20). Así se ve la unidad de estos dos mandamientos. (Ángelus, 25 octubre 2020)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.