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25-feb.-2023, sábado después de Ceniza

«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan»

Cuaresma2023-4

 

Termina otra semana que bondadosa y misericordiosamente nos has regalado, Señor; gracias por todos los sentimientos con que pudimos afrontarla, por las alegrías y también por las dificultades. Ahora, Señor, escucha nuestra humilde oración. Tú viniste a llamar a los pecadores, los que necesitan curación; nosotros nos contamos entre ellos y, por lo tanto, necesitamos que cures nuestras heridas de indiferencia, egoísmo y falta de amor. Muchas veces no comprendemos que tú quieres misericordia y no sacrificios, esos que a veces no tienen sentido porque no son hechos desde el corazón.

Cuando nos llamas al arrepentimiento, tú quieres que nos volvamos hacia nuestros hermanos y que construyamos entre todos, paz y justicia y que, conforme a tu promesa y con tu poder, lleguemos a ser luz para los que viven en tinieblas, agua para los sedientos, constructores de esperanza y felicidad para todos y que seamos signos vivientes de tu amor y de tu amistad. Que brillemos en medio de la oscuridad como signos de la verdadera luz que eres Tú en medio de nosotros.

En este sábado dedicado a Nuestra Madre, le pedimos a ella —como Señora de la Reconciliación y del perdón— que nos guíe con su gracia a través del desierto cuaresmal para lograr llegar verdaderamente al monte de la resurrección. Amén.

Un muy feliz y alegre fin de semana y un sábado lleno de misericordia, solidaridad y fraternidad.

REFLEXIONEMOS

«No hay santo sin pasado y no hay pecador sin futuro». Esto es lo que hace Jesús. No hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro. Basta responder a la invitación con el corazón humilde y sincero. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón. La vida cristiana, entonces, es escuela de humildad que nos abre a la gracia. (…) ¡Jesús se presenta como un buen médico! Él anuncia el Reino de Dios, y los signos de su venida son evidentes: Él cura de las enfermedades, libera del miedo, de la muerte y del demonio. Frente a Jesús ningún pecador es excluido —ningún pecador es excluido— porque el poder sanador de Dios no conoce enfermedades que no puedan ser curadas; y esto nos debe dar confianza y abrir nuestro corazón al Señor para que venga y nos sane (papa Francisco, audiencia general, 13 abril 2016).