
25-mar.-2023, sábado de la 4.ª semana de Cuaresma
“PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE”

Alegre y feliz amanecer, para darte gracias por el amor de Nuestra Madre Celestial. Qué bueno saludarte en este día Señor y consagrarnos a tu ternura y cuidado. “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”. Con estas palabras se refleja la alegría que debemos tener ante la obediencia de María al cumplimiento de la voluntad de Dios. Ella se pone incondicionalmente en las manos del Espíritu Santo, creyendo en su misericordia.
Regálanos, Señor, la disponibilidad de Nuestra Madre Santísima, para ser también dóciles a la acción del Espíritu Santo y —como ella— en humildad y sencillez digamos "Hágase en mí según tu palabra". Como María en la escucha de palabra, sabemos que para Dios nada hay imposible; a ejemplo de ella, queremos hacerla viva, meditarla en el corazón y dejarnos guiar por ella para dar frutos de amor y servicio. Terminando una semana de labores, queremos expresarte nuestro agradecimiento por habernos guiado y habernos protegido durante esta semana.
Gracias, Madre, por tu amor y ternura, por ser intercesora de cariño y comprensión.
Bendita… porque creíste en la Palabra del Señor, porque esperaste en sus promesas, porque fuiste perfecta en el amor.
Bendita por tu caridad premurosa con Isabel, por tu bondad materna en Belén, por tu fortaleza en la persecución, por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el templo, por tu vida sencilla en Nazaret, por tu intercesión en Caná, por tu presencia maternal junto a la cruz, por tu fidelidad en la espera de la resurrección, por tu oración asidua en Pentecostés.
Bendita eres por la gloria de tu Asunción a los cielos, por tu maternal protección sobre nosotros, por tu constante intercesión por toda la humanidad.
¡Santa María, Madre de Dios!
Queremos consagrarnos a ti porque eres Madre de Dios y Madre nuestra, porque tu Hijo Jesús nos confió a ti, porque has querido ser Madre de todos nosotros.
Nos consagramos a ti: por nuestro servicio a imitación del Buen Pastor, por los niños, por los enfermos, los pobres, los encarcelados, los perseguidos, los huérfanos, lo desesperados, los moribundos.
A tu amor maternal nos acogemos y consagrados a tu ternura y cuidado nos encomendamos. Amén.
Feliz, descansado, bendecido y Mariano fin de semana.
“PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE”.
La humildad es la «regla de oro». «Avanzar», para los cristianos, significa «abajarse». Es precisamente por el camino humilde, elegido por Dios, por el que avanzan el amor y la caridad... María, en la Anunciación, también se humilla: no comprende bien, pero es libre: capta solo lo esencial, y dice «sí». Es humilde: Que se haga la voluntad de Dios. Confía su alma a la voluntad de Dios. José, su prometido, también se rebaja y toma sobre sus hombros esta gran responsabilidad. José también dice "sí" al ángel cuando, en sueños, este le comunica esta verdad. La actitud de María y José muestra que, para llegar hasta nosotros, todo el amor de Dios toma el camino de la humildad. El Dios humilde que quiso caminar con su pueblo. Dios, humilde y tan bueno. El Dios paciente.