Este día que nos regalas, es día para darte gracias, para sonreír, para amar, para confiar, para hacer el bien. Abrimos nuestro corazón a tu querer y a la voluntad del Padre.
“A quien mucho se le dio, mucho se le exigirá”, nos has dicho hoy en el evangelio. En la generosidad de tu imaginación creadora y bondadosa, tú nos das tus dones y talentos de mente, corazón y gracia. De ti hemos recibido mucho: el don de la vida, nuestra fe, nuestra capacidad de amar, el perdón de nuestros pecados, nuestras familias, todo en una forma amorosa y gratuita. Por eso te pedimos que nos ayudes con la gracia de tu Espíritu a convencernos de que lo que hemos recibido no lo hemos recibido para ser egoístas, sino generosos; si recibimos más que otros, no por ello somos ni más grandes ni mejores que ellos, sino solamente más responsables por más dones recibidos.
Ayúdanos a usar todo lo que somos y tenemos en el servicio a los demás. Te damos gracias y pedimos tu bendición para que nos acompañe en este día y podamos manifestar a los demás la fuerza de tu amor y nuestra generosidad en el servicio y la vigilancia tanto en lo personal como a nuestros hermanos. Que Nuestra Madre nos guíe en este caminar y nos auxilie con su intercesión. Amén.
Amoroso y esperanzador miércoles lleno de bendiciones y optimismo.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús habla a sus discípulos del comportamiento a seguir en vista del encuentro final con Él, y explica cómo la espera de este encuentro debe impulsarnos a llevar una vida rica de obras buenas. (…) Jesús exhorta: «También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre» (v. 40). El discípulo es quien espera al Señor y su Reino. (…) En la primera escena, el administrador sigue fielmente sus deberes y recibe su recompensa. En la segunda escena, el administrador abusa de su autoridad y golpea a los siervos, por lo que, al regreso imprevisto del señor, será castigado. Esta escena describe una situación frecuente también en nuestros días: tantas injusticias, violencias y maldades cotidianas nacen de la idea de comportarnos como dueños de la vida de los demás. Tenemos un solo dueño al cual no le gusta hacerse llamar «dueño» sino «Padre». Todos nosotros somos siervos, pecadores e hijos: Él es el único Padre. Jesús nos recuerda hoy que la espera de la beatitud eterna no nos dispensa del compromiso de hacer más justo y más habitable el mundo. Es más, justamente nuestra esperanza de poseer el Reino en la eternidad nos impulsa a trabajar para mejorar las condiciones de la vida terrena, especialmente de los hermanos más débiles. Que la Virgen María nos ayude a no ser personas y comunidades resignadas con el presente, o peor aún, nostálgicas del pasado, sino orientadas hacia el futuro de Dios, hacia el encuentro con Él, nuestra vida y nuestra esperanza. (Ángelus, 7 agosto 2016)
