Hoy te damos gracias por la vida que nos regalas para compartir con nuestros hermanos y por la experiencia de amor que nos invitas a vivir en abundancia y en pobreza. Gracias, Señor, por ayudarnos a comprender la parábola que nos regalas en este día. No toda riqueza es maldición ni toda pobreza. Enséñanos el justo valor de lo que nos das a cada uno para que sepamos compartir en generosidad de corazón lo mucho o lo poco que vamos teniendo gracias a tu bondad. El rico puede pensar que los bienes de los que disfruta son signo de la bendición de Dios para los justos, mientras que la pobreza y la enfermedad son signos de la maldición de Dios para los pecadores. La parábola que nos regalas nos habla de algo más fuerte: la insensibilidad ante el sufrimiento. La buena vida, la abundancia, “el lino y la púrpura” nos suelen hacer ciegos ante el dolor ajeno.
Concédenos que abramos nuestros ojos a las necesidades de quienes están a nuestro lado y que seamos capaces de saciar su hambre de compañía, de compasión, de misericordia pero sobre todo de tu presencia. En ellos queremos reconocerte y amarte. Tú nos has colmado con tantas cosas buenas, todas ellas concedidas gratis… Haznos pobres de corazón para que podamos entender a los pobres; haznos lo bastante generosos para no calcular y medir nuestros dones, y haznos agradecidos por todo lo que tú nos has dado llevando alegría y liberación a los hermanos necesitados. Permite, Señor, que si somos ricos en los dones y valores que nos has querido regalar no seamos “epulones" indiferentes ante los "Lázaros" que suplican compañía, una palabra de aliento, una sonrisa de esperanza, una mano bondadosa o un corazón generoso. Gracias, Señor, ayúdanos a ser hombres y mujeres que practiquemos la ley, la justicia y el amor; que veamos al necesitado, al que sufre, al enfermo y practiquemos la misericordia y la caridad con él. Amén.
Feliz y santo descanso de Domingo. Los abrazo y los bendigo.
