Qué bello amanecer nos regalas, el cual nos inspira en nuestra acción de gracias por todo lo recibido en la semana que culminamos; qué hermosos momentos hemos compartido con tantas personas a las que amamos; qué felicidad haber servido a nuestros hermanos y qué satisfacción haber llevado palabras de fe y esperanza al que las necesitó. Gracias por tu bondad y misericordia. Hoy te queremos pedir la inspiración de tu Espíritu para que Él nos ilumine nuestra respuesta ante la pregunta que hoy nos diriges: «¿ustedes quién dicen que soy?»
Desde nuestro corazón te respondemos: Señor, tú eres todo para mí, eres la experiencia más importante de mi vida, eres el fuego que arde dentro de mí, eres la voz que no cesa de invitarnos a amar, eres la energía más profunda, la fuerza que me empuja a que me levante y que vaya a servir a mis hermanos. Tú eres mi proyecto, mi camino, la vida misma que se entrega por los hermanos, eres mi compañía en los momentos de soledad, eres el que llamas a mi puerta, el que me pide el pan para que comparta. Eres el que tiene hambre y sed. Tú eres el que me inspira a dar la vida y amar con los mismos sentimientos con los que tú nos has amado. Gracias por ser mi guía, mi camino, mi luz y mi verdad. Que hoy podamos decir: “TÚ LO ERES TODO PARA MÍ”.
Dar la vida a sus hijos es la gran misión que confías a las madres. En este día en que celebramos a Santa Mónica, te pedimos por todas las mamás que valientemente dan la vida por sus hijos, las que lloran por ellos, las que sufren por su ausencia. Te damos gracias hoy por Santa Mónica que te suplicó incesantemente por su hijo Agustín para que pudiera encontrar a Jesús en su vida. Concede a todos los padres que sepan ayudar a sus hijos a vivir y a crecer en la vida, amar y servir de corazón. Amén.
Feliz día para todas las Mónicas. Un muy feliz y compartido domingo vivido en armonía.
PALABRAS DEL SANTO PADRE
Jesús les toca directamente: «¿quién decís que soy yo?» (v. 15). A este punto, nos parece percibir algún instante de silencio, porque cada uno de los presentes es llamado a involucrarse, manifestando el motivo por el que sigue a Jesús; por esto es más que legítima una cierta vacilación. También si yo ahora os preguntara a vosotros: “¿Para ti, ¿quién es Jesús?”, habrá un poco de vacilación. Les quita la vergüenza Simón, que con ímpetu declara: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Esta respuesta, tan plena y luminosa, no le viene de su ímpetu, por generoso que sea —Pedro era generoso—, sino que es fruto de una gracia particular del Padre celeste. Confesar a Jesús es una gracia del Padre. Decir que Jesús es el Hijo del Dios vivo, que es el Redentor, es una gracia que nosotros debemos pedir: “Padre, dame la gracia de confesar a Jesús”. (Ángelus, 23 agosto 2020)
