Feliz amanecer y un día pleno de bendiciones y buenos deseos.
Muchas veces, ante el sufrimiento de los demás las palabras sobran. La cercanía, un abrazo o simplemente una mirada acogedora pueden resultar en el mejor consuelo para quien lo necesita.
Señor, hoy acompañamos en silencio el lamento de Job. El sufrimiento de Job es demasiado grande, lo perdió todo. Su silencio se rompe con un lamento que maldice y cuestiona su existencia. Esa es su oración, una oración que busca comprender el misterio del mal, una oración que nace de su sufrimiento, una oración que hace presente la confianza en Ti.
Hoy, al recordar a san Vicente de Paul, que entregó su vida al servicio de los pobres viendo en cada persona doliente el rostro del Señor. Él decía: “el servicio a los pobres ha de ser preferido a todo, y hay que prestarlo sin demora. Por esto, si en el momento de la oración hay que llevar a algún pobre un medicamento o un auxilio cualquiera, id a él con el ánimo bien tranquilo y haced lo que convenga, ofreciéndolo a Dios como una prolongación de la oración”. Cuidar de los demás es un modo que Dios tiene para decir a los que sufren: “¡Yo estoy contigo!”. Gracias, Señor, por darnos la ocasión de ser generosos en el servicio y entrega a nuestros hermanos. En tu misericordia confiamos y a tu bondad nos acogemos.
Feliz martes.
