Un muy feliz, humilde y sencillo Domingo, compartido en el gran banquete de nuestro diario vivir, sobre todo con las personas que amamos. Hoy pueden surgir muchas preguntas para cada uno de nosotros: ¿Cómo miramos a otros y a nosotros mismos en relación con ellos? ¿Despreciamos a otros y nos consideramos más importantes, como personas dignas de consideración y de honores? Hoy, Señor, te queremos agradecer tu mensaje en el que nos dices que en tu Reino hay lugar para todos y para cada uno. Permite que nuestra humildad sea la mejor manera de servirte en nuestros hermanos y sobre todo lo hagamos en silencio no buscando aplausos y homenajes sino el deseo de cumplir la voluntad del Padre celestial. Ayúdanos a participar del verdadero banquete de la vida al que Tú nos invitas y en el que podemos compartir los manjares que colocas ante nuestras vidas: la fe, la humildad, la sencillez, la esperanza y el amor. Que sean los alimentos espirituales que nos ayuden a fraternizar y a sentirnos como verdaderos hermanos, que no buscamos los primeros puestos sino aquellos en los que podamos ser más útiles a los demás. Que nuestra Madre Santísima nos ayude con su gracia. Amén.
Feliz domingo y feliz participación en el gran banquete de la vida.
Reflexión del papa Francisco
Jesús no pretende dar normas de comportamiento social, sino una lección sobre el valor de la humildad. La historia enseña que el orgullo, el arribismo, la vanidad y la ostentación son las causas de muchos males. Y Jesús nos ayuda a comprender la necesidad de elegir el último lugar, es decir, de buscar ser pequeños y ocultos: la humildad. Cuando nos colocamos ante Dios en esta dimensión de la humildad, Dios nos exalta, se abaja hasta nosotros para elevarnos hasta él; "Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". No olvidemos esto: Dios paga mucho más que los hombres. ¡Él nos da un lugar mucho más grande que el que nos dan los hombres!
