Despertamos de un reparador sueño, Señor, y te damos gracias por la noche que nos has regalado, por este día que comenzamos y que lo ponemos en tus manos, para que sean bendecidas nuestras obras y acciones que realicemos. Queremos iniciar esta nueva jornada y pedirte que nos ayudes, que nos ilumines y nos fortalezcas para que podamos encontrar el verdadero sentido del camino que nos estás señalando; que tú seas la luz que nos muestra el nuevo horizonte que tendremos que recorrer.
Tenemos que reconocer tu presencia y seguir confiando en Ti cuando las tormentas rugen dentro de nosotros y a nuestro alrededor y nos amenazan con tragarnos hasta hacernos gritar: “Señor, ¿dónde estás?” Pueden ser las tormentas de la tentación, las dudas, los miedos y temores en nuestra fe. Los vientos de cambio también pueden ser como ruidosos huracanes que sacuden la barca de nuestros corazones antes de que podamos alcanzar las aguas tranquilas de la esperanza y el consuelo. Sabemos que Tú estás ahí y no deberíamos tener miedo. Tú calmas nuestras vacilaciones con palabras de reprensión: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?” Haz que esa débil fe crezca robusta en nosotros. Concédenos, Señor, tener la confianza de que tú estás con nosotros, en la oscuridad de la desesperanza y en la noche del desconsuelo, en el viento huracanado y en la tormenta; porque tú eres el Dios del consuelo que nos dices: “no tengáis miedo”. Amén.
Un inicio de jornada muy feliz, esperanzador y pleno de bendiciones.
Reflexión papa Francisco
Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, Jesús se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?"... La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad... El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados.
