Qué buen despertar el que nos concedes en este día, Señor, para poder manifestar las grandezas de tu amor y tu infinita misericordia.
Sabemos que tú nos quieres, nos proteges y guías nuestro destino. Nos has enviado tu Arcángeles como mensajeros de Buenas Nuevas, de esperanza y de fortaleza para ayudarnos a que llevemos a cabo tus planes. El arcángel Miguel como el ángel que se encarga de la lucha contra el poder del mal y quien lleva el trabajo de superar todo mal. Gabriel es el mensajero de la Anunciación; de la buena nueva de fe, esperanza y caridad. Y Rafael como el ángel compañero y sanador. Gracias Señor porque sabemos que ellos son la prueba de tu amor, que nos guían y se ocupan de nosotros. Hoy no podemos olvidar a las muchas personas que nos ayudan y guían de muchas maneras con su amor y cuidado. Ellos también, son, por así decirlo, los ángeles tuyos para nosotros. Gracias por colocarlos en nuestros caminos. Pero, ante todo, gracias por tu generosidad y misericordia al enviarnos tus mensajeros de paz, de amor, de buenas noticias, y hacernos ver que nuestras fuerzas pueden contra el mal cuando contamos contigo y que tus palabras son esa medicina que nos alienta. Que ellos sigan siendo nuestra protección y portadores de esas buenas nuevas que tú nos envías. San Miguel que significa quién como Dios nos de esa imagen perfecta de ser bondadoso y misericordioso, lleno de amor. Que San Gabriel nos de la fortaleza tuya y nos traiga tu buena nueva de salvación y ante todo la buena nueva de la esperanza. Y que Rafael medicina de Dios sea en todo momento nuestro consuelo para nuestros dolores del alma para las tristezas, que nos agobian.
Que en este día podamos ofrecerte nuestro sacrificio de alabanza, nuestras buenas obras y acciones para que llevados a tu presencia por manos de los arcángeles los recibas con bondad. ÁNIMO SONRÍE QUE DIOS TE AMA
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra las perversidad y acechanzas del demonio. Y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Para pedir la protección
Oh gloriosísimo San Miguel Arcángel, príncipe y caudillo de los ejércitos celestiales, custodio y defensor de las almas, guarda de la Iglesia, vencedor, terror y espanto de los rebeldes espíritus infernales. Humildemente te rogamos, te dignes librar de todo mal a los que a ti recurrimos con confianza; que tu favor nos ampare, tu fortaleza nos defienda y que, mediante tu incomparable protección adelantemos cada vez más en el servicio del Señor; que tu virtud nos esfuerce todos los días de nuestra vida, especialmente en el trance de la muerte, para que, defendidos por tu poder del infernal dragón y de todas sus asechanzas, cuando salgamos de este mundo seamos presentados por ti, libres de toda culpa, ante la Divina Majestad.
Amén.
